Jesús condena las
frases vacías en la oración, pero si tenemos amor y oramos con amor, no tenemos
de qué preocuparnos
A menudo, cuando los cristianos se
encuentran con el siguiente pasaje de los Evangelios, creen que habla en contra
de oraciones como el Rosario o incluso la oración de Jesús (“Señor Jesucristo,
Hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador”):
“Cuando pidan a Dios, no imiten a los
paganos con sus letanías interminables: ellos creen que un bombardeo de
palabras hará que se los oiga”. (Mt 6, 7)
A simple vista, podría parecer que Jesús
cree que los que rezan letanías interminables, repitiendo las mismas palabras,
son “paganos”. ¿Es verdad esto? ¿Deberían
los cristianos evitar repetir las mismas oraciones una y otra vez? Revisemos este pasaje más de cerca.
Primero, antes de examinar el pasaje de
Mateo 6, 7, esta discusión fue provocada por un encuentro que se dio en el
libro “El camino del Peregrino”. En sus andanzas, el Peregrino se encontró con
un hombre devoto que estaba en contra de rezar la “Oración de Jesús” una y otra
vez a lo largo del día. Él dice: “el repetir incansablemente las mismas
palabras puede volverlo a uno loco y arruinar el corazón” (p.54)
¿Será cierto?
Para encontrar la respuesta, examinemos
el verso del Evangelio en cuestión:
En el contexto, Jesús está hablando
acerca de diferentes facetas de su vida en su “Sermón de la Montaña”. Luego de
ofrecer algunas palabras acerca de la ofrenda y la limosna, Jesús se vuelve a
la oración y trata de enseñar a sus discípulos la manera correcta de orar a
Dios. Es interesante ver como, justo luego de la amonestación de Jesús contra
las oraciones paganas, añade esto:
“No hagan como ellos, pues antes de que
ustedes pidan, su Padre ya sabe lo que necesitan. Ustedes, pues, recen así:
Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre, venga tu
Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo. Danos hoy el pan
que nos corresponde; y perdona nuestras deudas, como también nosotros
perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, sino
líbranos del Maligno”. (Mt 6, 8-13)
Entonces Jesús les enseña a sus
discípulos una “fórmula” para orar en contraste a como lo hacen los paganos.
¿No estaba Jesús condenando las oraciones de este tipo?
Yendo un poco más adentro, encontramos
que lo que en realidad Jesús estaba condenando era la forma pagana de dirigirse
a sus dioses. En uno de mis comentarios de la Biblia podemos leer:
“Los paganos recitan largas letanías con
nombres divinos para llamar la atención de los dioses. Esto se hacía para
garantizar que uno se dirigía a la deidad de manera correcta. Jesús considera
esto una práctica vacía, es decir, carencia de fe y amor por la deidad”.
El sitio web “Catholic Answers”
(Respuestas Católicas”) confirma esto y añade:
“Jesús dijo “no imiten a los paganos con
sus letanías interminables”… Debemos recordar que la idea principal de la
oración y el sacrificio de los paganos era apaciguar a los dioses de manera que
ellos pudiesen continuar con sus vidas. Se debía tener cuidado de nombrar a
todos los dioses y de decir las palabras justas, pues de lo contrario se
podrían atraer una maldición sobre sí”.
De manera que los paganos, para cubrir
todas las esquinas, recitaban interminables letanías con los nombres de las
deidades paganas para garantizar que las deidades “no los golpearan”. Estos
rituales se trataban del “apaciguamiento” y en ningún momento estaban dirigidos
al amor.
¿Rezar el Rosario es diferente?
Lo que me trae a hablar acerca del
Rosario y la oración de Jesús. La razón por la que estas oraciones son
diferentes, es porque nacieron del amor por Dios. Y, ¿quién diría que no
debemos decirle a Dios cuánto lo amamos?
Veámoslo desde este punto. ¿Se enojaría
tu esposo o tu esposa si le dijeras cuánto lo has amado? ¿Les molestaría si se
lo repitieras cada día o incluso en múltiples ocasiones a lo largo del día?
Yo le digo a mi esposa que la amo docenas
de veces al día (si no es que más). ¿Es malo? ¿Me debería contener de decirle
que la amo y limitarme a hacerlo una sola vez al día? ¿O una vez al mes? ¿Una
vez al año tal vez?
El origen de la palabra “Rosario” viene
del latín “Rosarium” que significa corona de rosas o guirnalda de rosas. Rezar
el Rosario es como darle a Nuestra Santísima Madre una corona de rosas y
decirle cuánto la amamos a ella y a su Hijo. ¿Es malo obsequiarle a alguien que
amamos una guirnalda de rosas?
Sobre todas las cosas, Jesús condena las
frases vacías en la oración. No debemos orar para “apaciguar” a un
Dios vengativo y lleno de ira. Ni deberíamos rezar el Rosario creyendo que
María calmará el temperamento de Dios. Nuestras oraciones deben nacer del amor
a Dios y ése es el secreto del poder del Rosario y la Oración de Jesús.
Si tenemos amor y oramos con amor, no
tenemos de qué preocuparnos.
Fuente:
Aleteia
