Permite
acoger al Espíritu Santo para amar como Cristo, explica el papa Francisco
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| © Pascal DELOCHE / GODONG |
El sacramento de la Confirmación permite acoger al
Espíritu Santo en el corazón y recibir sus siete dones: la sabiduría, la
inteligencia, el consejo, la fortaleza, la ciencia, la piedad y el temor de
Dios.
Lo explicó el
Papa Francisco en la catequesis de la audiencia general en el Vaticano el 29 de
enero de 2014, y añadió que a través del Espíritu Santo viene Cristo y nos
moldea a su imagen para que podamos amar como Él.
“Cuando
acogemos al Espíritu Santo en nuestros corazones, y lo dejamos actuar, Cristo se
hace presente en nosotros y toma forma en nuestra vida; a través de nosotros,
será Él -oigan bien esto, ¿eh?-, a través de nosotros será el mismo Cristo
quien orará, perdonará, infundirá esperanza y consuelo, servirá a
los hermanos, estará cerca de los necesitados y de los últimos, creará comunión
y sembrará la paz”, explicó.
La palabra “Confirmación” significa
“unción”: a través
del óleo la persona que lo recibe es formado, en el poder del Espíritu, según
Jesucristo, el único verdadero “ungido”.
El Catecismo
de la Iglesia Católica detalla que este sacramento confiere un
crecimiento de la gracia bautismal: nos une más firmemente a Cristo; completa nuestro
vínculo con la Iglesia; nos concede una fuerza especial del
Espíritu Santo para difundir y defender la fe, para confesar el nombre de
Cristo y para no sentir jamás vergüenza de su cruz.
La
Confirmación debe entenderse en continuidad con el Bautismo, al que está
vinculada inseparablemente. Estos dos sacramentos, junto con la Eucaristía,
constituyen la llamada “iniciación cristiana”, en
la que la persona es insertada en Cristo Jesús muerto y resucitado, y se
convierte en nueva criatura y miembro de la Iglesia.
Por eso, originariamente estos tres sacramentos se celebraban en un solo
momento, al final del camino catecumenal, generalmente en la Vigilia Pascual.
“Así venía
sellado el camino de formación y de progresiva inserción en la comunidad
cristiana, que podía durar unos cuantos años”, destacó Francisco.
El Papa
advirtió que “es importante tener cuidado de que nuestros niños, nuestros
muchachos tengan este sacramento: todos nos preocupamos de que estén bautizados
y esto es bueno, ¿eh? Pero tal vez no tengamos tanto cuidado de que reciban la
Confirmación: quedan a mitad de camino y no reciben el Espíritu Santo, ¡eh!,
¡que es muy importante en la vida cristiana, porque nos da
la fuerza para seguir adelante!”.
“¿Estamos, de
verdad, preocupados de que nuestros niños y muchachos reciban la Confirmación?
–planteó-. Es importante esto: es importante. Y si ustedes tienen niños o
muchachos en casa que todavía no la han recibido y tienen la edad suficiente
para recibirla, hagan todo lo posible para acabar esta iniciación cristiana
para que ellos reciban la fuerza del Espíritu Santo”.
Finalmente,
destacó la importancia de ofrecer a los que reciben la Confirmación “una buena preparación,
que debe tener como objetivo conducirlos a una adhesión personal a la fe en
Cristo y despertar en ellos el sentido de pertenencia a la Iglesia”.
“La
Confirmación, como todo sacramento, no es obra de los hombres, sino de Dios,
que cuida de nuestras vidas para moldearnos a la imagen de su Hijo, para que
podamos amar como Él –concluyó-. Y hace esto infundiendo en nosotros su
Espíritu Santo, cuya acción impregna a toda la persona y durante toda la vida”.
Fuente:
Aleteia
