Un cambio de vida: "No más miedo irracional, no más vacío"
![]() |
| By eldar nurkovic/Shutterstock |
Sara Martín recibió el sacramento de la Confirmación en la Vigilia
de Pentecostés. La diócesis española de Getafe ha
compartido su testimonio de encuentro con Dios:
Sin saberlo,
siempre le busqué, pero no podía encontrarle…
Desde mi
niñez; en mis terrores nocturnos. En mi adolescencia; con mis complejos, mis
tribulaciones e inquietudes; le recé, le pedí; como el que pide al genio de la
lámpara y, al no encontrar los efectos deseados, me olvidé de su “débil
existencia”.
En su lugar busqué a través del alcohol, de
la dependencia de sustancias y personas y del sexo. Y conseguí serios problemas de toda
índole y, lo peor, cada vez más degradación de mi persona, más soledad, más
vacío e insatisfacción.
Pedí a gritos
ayuda sin saber a qué o a quién. Encontré una asociación de ayuda a personas
con problemas con la bebida; Alcohólicos Anónimos.
La literatura de A.A. tiene un “programa de vida”, que según sus orígenes está
basado en la dependencia de Dios, pero con el paso del tiempo ha ido perdiendo
su autenticidad. De hecho ha permitido reemplazar a Dios por cualquier otro
“poder superior” como la energía, Alá, las personas que componen un grupo de
A.A. e incluso por nada. Lo ignoras y listo.
Aquí solo
dejé de beber y comencé a asistir a las reuniones de grupo buscando más.
Casualmente, se celebraban en las dependencias de una Iglesia. Mejoró mi
calidad de vida, pero no desapareció el miedo, el vacío…
Cuando mi madre, en sus últimos días de
vida, siendo conocedora de mi infelicidad, me pidió que buscara la fe, no supe
reconocer a Dios a través de ella.
Cuando tuve
mi primera hija con la persona que actualmente es mi pareja y, con pocos días
de vida enfermó gravemente, recordé de nuevo a Dios y volví a pedirle ayuda.
De repente
una persona desconocida en la UCI del Hospital Niño Jesús me abrazó y me dijo
que mi hija viviría, y le creí. Me alivió de tan tremendo sufrimiento, pero
tampoco reconocí a Dios.
Entonces un
cura, David, me invitó a unas cenas en la Iglesia -precisamente donde asistía a
Alcohólicos Anónimos- donde se debatiría sobre el “Sentido de la vida”; creo
que entonces
dije mi primer sí conscientemente…
En esas cenas, donde había personas del
ámbito de la Iglesia mezcladas con otras de “fe débil”, ateos, indecisos…
conocí a unas chicas -Mar, Marga y Luisa- que me atrajeron por su alegría, su
sencillez, su serenidad. Me deslumbraron, aunque todavía no supe
reconocerLe en ellas.
Deseaba que
llegara cada viernes para poder estar con ellas. No me juzgaban, no me replicaban ni
corregían, no querían convencerme de nada; eran de otro planeta.
Me quedé
triste cuando esto finalizó, pero tuve otras oportunidades para compartir con
ellas e incluso me permitieron ser repetidora de las cenas.
Por fin, a
través de ellas y otros más con la misma luz, con amor, con atención y
dedicación pude verLe. Estas personas eran miembros de Comunión y Liberación (CL).
Empecé
entonces un camino decisivo para mi existencia. Con un montón de dudas, de
contradicciones, todo tan diferente a lo anteriormente vivido, pensando que
quizás se redujera mi vida en algunos aspectos… ¡qué equivocada estaba todavía!
Un camino en
el que voy descubriendo por qué esa búsqueda excesiva de amor de las personas
que forman parte de mi vida y de la maternidad como una panacea, nunca
me saciaban…
Sentir que el
amor de Él y la dependencia de Él (yo que fui tan dependiente en mi pasado)
eran suficientes… No más miedo irracional, no más vacío.
En este
camino he empezado a sentir necesidades imprescindibles ya, nada impuesto, nada
forzado, pura necesidad de estar cerca de personas que viven la presencia de
Cristo; necesidad de ser perdonada, de sentirme útil y de transmitir todo esto
que estoy viviendo.
Un matrimonio nulo y otra oportunidad
En septiembre de 2019, Dios mediante y habiendo
conseguido la nulidad matrimonial por parte del padre de mis hijos de una
desacertada relación anterior, Junior (otra obra de Él) y yo nos haremos
esposos después de 14 años de convivencia, rescatada y
sostenida actualmente, gracias a Él, a través de la Iglesia.
Y en su
empeño de seguir regalándonos vivencias extraordinarias, hemos recibido otro
don: a través de uno de los curas del pueblo donde vivimos, se nos propuso hace
unos meses (cuando aún no sabíamos lo que tardaría la concesión de la nulidad
solicitada) que por qué no vivíamos esa espera como lo
hacen los novios católicos, en castidad.
Dijimos sí…
Algo
que nunca había entendido desde mi anterior barrera, cuando no relacionaba la
sexualidad con el amor de pareja, de esas cosas que juzgaba, en mi ignorancia,
antiguas, sin sentido, reductoras.
Está
resultando otra oportunidad de reavivar mi relación de pareja. Ahora
siento el amor de Junior en estado puro (esto es la pureza de la virginidad).
Aunque me
prive y le prive de algo que pensaba que su inexistencia ahogaría nuestra
unión. Esta renuncia por Él y para Él, a nosotros nos da alegría, entrega, sin
dar nada a cambio, sólo por el amor a Dios.
Cuando me
entregue a Junior, ya no será un trámite, una moneda de cambio, un sinsentido
sexual… Será la manifestación de Su amor entre nosotros.
Soy muy
afortunada por vivir esas cosas que ya creía invivibles.
Soy
afortunada por formar parte de una fraternidad formada por personas
extraordinarias, reflejos de su luz, a la que fui invitada, sin siquiera formar
parte de CL.
Gracias a la
escuela, el continuo contacto con los miembros de la Frater; con el padre
Miguel como figura esencial, voy recorriendo el camino en constante
aprendizaje, a sentir su presencia continua y reconocerle cada vez más
fácilmente en la cotidianidad. A que no soy yo, sino su impulso.
Y algo muy
importante: poder brindar a mis hijos una vida en Cristo…
Fuente:
Aleteia
