¿Qué
es?
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Estos
días estamos poniendo un pequeño huerto al lado del terrario de las tortugas.
Una amiga me dio varias plantas para plantar: tomates, fresas, pimientos,
berenjenas y... ¿qué darán las otras hojas verdes? Hay algunas plantas que no
conseguí diferenciar.
Y
pensé:
-Las voy a cuidar cada día y, cuando salga lo que tenga que salir, sabré qué es.
-Las voy a cuidar cada día y, cuando salga lo que tenga que salir, sabré qué es.
Jesús
nos dijo: “Por sus frutos los conoceréis” y, sí, siempre lo he oído, pero nunca
lo había visto tan palpable.
Los
frutos me ayudarán a identificar la planta, ver de qué se trata. Con los días,
recibirán todo lo que necesitan para que se genere la flor, y, de la flor, el
fruto. Pero si la planta no acogiese los nutrientes, el agua, la luz... se
secaría y no podría ver sus frutos.
Hoy
es el día de la Ascensión y Jesús se despide de sus discípulos. Parece un día
triste, sin embargo, vuelven a Jerusalén llenos de gozo. Han visto a Jesús
resucitado, tienen la certeza de que Él sigue con ellos. Ahora el corazón de
cada discípulo ha cambiado: sus miedos e inseguridades, que antes eran
centrales en sus vidas, han sido desplazados. Cristo les quita lugar que estas
ocupaban.
Esta
certeza, este vivir de Cristo, va a hacer de ellos unas “plantas” diferentes.
Pues, cuando vives de Cristo, ya no son tus frutos, sino los Suyos. Muchas
veces te puede parecer que tienes una vida que no se sabe muy bien qué fruto
llegará a dar: ¿pimientos, tomates...?
Cuando
vivimos de Cristo, somos capaces de hacer lo que no haríamos por nosotros
mismos, salen de nuestras pobres plantas frutos sorprendentes e inesperados,
los frutos de los sentimientos, amor y forma de actuar de Jesús en nosotros. No
salen tomates ni pimientos, sino los frutos del corazón de Jesús actuando a
través de ti.
Los
discípulos, a partir de hoy, dejan de ser espectadores y pasan a ser
protagonistas manteniendo su corazón fijo en Cristo. Unos días después
recibieron el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, que fue el nutriente
fundamental para que se diesen frutos. Deja que Cristo sea en ti y te
sorprenderás dando Sus frutos.
Hoy
el reto del amor es que plantes algo en la ventana o en un jardín, algo que te
recuerde que “por tus frutos” te conocerán: solo tienes que dejar que Cristo te
muestre todo lo que espera de ti cada día. Acoge todos los nutrientes, luz,
agua y Vida que Él te regala cada día.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
