La
capilla de la Ascensión en la actualidad es un pálido reflejo del singular
edificio original
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| trabantos - Shutterstock |
Según los evangelios, Jesús se despidió de sus
discípulos para siempre desde la cima del Monte de los Olivos, desde donde
subió al cielo para no volver.
A pesar de la
importancia de este momento para los seguidores de Jesús, y de que la
localización del lugar es relativamente fácil, el lugar de la ascensión no es
uno de los más “emblemáticos” de la Ciudad Santa, como pueden serlo la Basílica
del Santo Sepulcro o la de Getsemaní.
La razón es
que, después de los siglos, el lugar queda bajo jurisdicción musulmana, y no se
permite en él el culto cristiano más que de manera esporádica. Se puede
visitar, por supuesto, pagando una cantidad simbólica.
Las
constantes destrucciones y la pérdida de la propiedad por parte de los
cristianos ha impedido que llegue hasta nosotros el que fue uno de los edificios más
singulares de la Tierra Santa: una basílica sin techo, por
donde los fieles podían imaginar el trayecto que siguió Jesús hacia la derecha
del Padre.
Según explica
el eminente arqueólogo franciscano Florentino
Díez en su Guía de Tierra Santa, ya desde la antigüedad existen
testimonios como el de la peregrina Egeria que hablan de la existencia de un imbomon, un
edificio a cielo raso en el que los cristianos celebraban culto.
El imbomon fue
destruido por los persas (año 614) y reconstruido por el patriarca Modesto,
manteniendo su característica bóveda abierta por la que se veía el cielo. Esta
reconstrucción en 3D permite imaginar cómo era el imponente y singular
edificio, por dentro y por fuera:
En su interior, el imbomon – igual que en la
actualidad la pequeña capilla existente – albergaba la que por tradición se
cree que fue la última piedra que tocaron los pies de Jesús antes de subir al
cielo, y en la que aún se pueden advertir las huellas dejadas por sus pies:
En la época de
las Cruzadas, el edificio se demolió y se construyó una especie de pórtico a
cielo abierto, que es la construcción actual, pero a la que los musulmanes
añadieron una cúpula, cerrando el techo e impidiendo la vista hacia arriba,
acabando así con la singularidad de este lugar.
El resto de las
construcciones colindantes fueron también destruidas por los musulmanes. Sólo
se conserva la pequeña capilla, pues para el Islam este es también un lugar
santo, dada la veneración que ellos profesan al Hijo de María.
La Capilla de
la Ascensión, no obstante, sigue siendo uno de los lugares dignos de visitar en
Jerusalén, en el Monte de los Olivos, muy cerca de la gruta donde la Tradición
afirma que Jesús enseñó a los discípulos a rezar el Padre Nuestro, y de la Basílica
Dominus Flevit, donde el Señor lloró por Jerusalén. Las vistas de la Ciudad
Santa, desde la cima del Monte, son espectaculares.
Inma Alvarez
Fuente: Aleteia
