Mi
hilo de cobre
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
tuvimos día de retiro. En un momento dado, el sacerdote nos habló de cómo el
Señor nos quiere hacer un lingote de oro y explicó cómo se purifica el oro. Me
hizo mucha gracia, porque, unos pocos días antes, yo había estado haciendo unos
baños de oro a unas medallas.
En
el proceso del baño de oro, lo primero que hay que hacer es sujetar la medalla
con un hilo de cobre. Luego se mete en la primera cubeta, que tiene un
desengrasante, para que se limpie la medalla y caiga toda impureza. Después se
pasa por una segunda y tercera cubeta que tienen agua destilada, para, al
final, limpia del todo, entrar en la cuarta cubeta (que es la que contiene el
oro) para darle el baño.
Desde
el primer momento, lo que sostiene la medalla es el hilo de cobre. A lo largo
del proceso no se la puede tocar.
Cuando
empiezas y ves lo sucia que está la medalla no piensas que llegará un momento
en que saldrá reluciente y brillante. La verdad es que me encanta cómo queda al
final, pero el proceso que tiene que pasar no es nada fácil. Esto nos sucede en
la vida: queremos amar sin pasar por un proceso, queremos perdonar sin ningún
camino, queremos ser mansos, humildes, bondadosos.... queremos ser oro, pero
tenemos que aceptar que hay que hacer un camino.
Jesús
nos lo dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Él es el camino; lo
importante es no adelantar al Señor en nuestra vida, porque, si Él es el camino
y le adelantas... ¡ya no hay camino!
Es
verdad que, en nuestra vida, muchas veces nos quedamos en la primera cubeta: en
el sufrimiento, en el dolor... o quizás pasamos a las siguientes, de más
tranquilidad... pero lo importante de la medalla es el hilo al que va colgada.
Ese
hilo es el que le va a dar la fuerza para ir pasando de una cubeta a otra hasta
llegar al final. Y, ¿cuál es tu hilo de cobre?
Puedes
estar colgado de mil cosas: trabajo, amigos, dinero, fama... pero quien nunca
se romperá es Cristo. Él es nuestro hilo, en Él encontramos todo para poder
vivir, y vivir en plenitud. En su muerte y Resurrección encontramos la Vida, y
Él es el que hace que podamos pasar por cualquier cosa y nada nos mate, hasta
llegar a ser transformados en Él.
A
mí muchas veces me ha dado miedo colgarme de Cristo, hasta que, poco a poco,
una y otra vez, te cuelgas y ves que no te caes. Es verdad que ya no tienes
suelo, pero Él te sostiene. Y así, poco a poco, tu confianza en Él crece y va
madurando en esa certeza de saber que, pase lo que pase en tu vida, Él siempre
está a tu lado, contigo, que ya nunca estarás solo.
Hoy
el reto del amor es colgarte de Cristo. Cuando sientas miedo, pídele al Señor
el don de confiar y poder caminar. Él te lo quiere regalar, pero se lo tienes
que pedir. No caminas solo, Él va contigo.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
