En
bata de trabajo
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
El
pasado domingo, cuando se acabó el último toque de campana, me di cuenta de que
llegaba un poco tarde a misa... ¡y aún estaba en bata!
Subí
corriendo y, sin fijarme, cogí los primeros calcetines que pillé del armario.
Al ponérmelos descubrí que eran un poco más pequeños de lo común, ya que
normalmente llevamos calcetines altos, hasta la rodilla. Estos no subían tanto,
pero intenté estirarlos lo más posible, convencida de que valdrían.
Según
bajaba las escaleras... “¡Oh, no, se me están bajando los calcetines!”.
Y
es que los pobres, aunque los estirase, volvían a su ser: pequeñitos...
Sentada
en mi sitio de la Iglesia, ya aliviada al ver que había llegado a tiempo, me
daba cuenta de que muchas veces me pasa como a estos calcetines.
Sí,
sí, como aquellas veces que inconscientemente me intento olvidar de que soy
pequeña, de que no llego a todo lo que me gustaría, de que no sé hacerlo todo...
y me propongo metas intentando estirarme y estirarme, a ver si así logro ser un
poco más grande.
Sin
embargo, pronto la propia pobreza me devuelve a mi realidad.
¡Y
menos mal! Porque solo a base de volver una y otra vez a mi realidad, el Señor
me va enseñando a amarla, a ver mi pequeñez como Él la ve, a experimentar que
la realidad, cuando es amada, se vuelve maravillosa.
“Jesucristo,
siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2 Co
8, 9).
Y
es que Cristo, siendo TODO, se hizo nada por nosotros. Se entregó hasta darlo
todo porque Su Amor por nosotros estaba por encima de sí mismo. Y así hoy nos
da Vida a los que creemos en Él.
Del
mismo modo, a través de nuestra pequeñez, podemos experimentar que el Señor nos
ha llamado a lo más grande.
Sí,
porque cuando acojo el don de amar mi pobreza, puedo abrirme también a amar a
los demás sin preocuparme demasiado por mí mismo ni por mi imagen, sin máscaras
ni expectativas, sino libre... porque el Amor de Cristo da pleno sentido a la vida.
Ahora
tu calcetín lo calzará Él y, si es un poco pequeño o está algo roto pues...
¡quizá hasta mejor!, así más se le verá a Él.
Hoy
el reto del amor es vivir el día despreocupado de uno mismo. Hoy afronta el día
con Jesús y, estés haciendo lo que estés haciendo, no te preocupes en que quede
perfecto o en alcanzar expectativas; ocúpate únicamente de hacerlo amando.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
