Puntualidad
monástica
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Últimamente
me ha dado por cantar una canción de mi infancia. Solo hay que esperar a que
llegue la hora del coro y...
-¡Tolón,
tolón...!
“🎶 Tengo una vaca lechera...🎵”
Como
te contó Joane hace poco, resulta que se ha roto el badajo de la campana y, en
lo que vienen a arreglarla, estamos empleando una campana que debe de ser de la
fundación del convento. La pobre ni siquiera suena a campana... sino a
cencerro.
-¡Tolón,
tolón...!
“🎵 Ay, qué vaca tan salada, tolón, tolón...! 🎶”
Visto
así, lo cierto es que tiene su gracia, pero el “cencerro” tiene un serio
problema: casi no se le oye.
Oír
la campana es muy importante en un monasterio: representa la voz del Señor.
Ella avisa cuando llega la hora de ir a rezar, ¡es el Señor quien nos llama!
Llega
un momento en que te acostumbras a vivir “a golpe de campana”, por lo que no
estás demasiado pendiente del reloj. Pero, ahora que la campana apenas se oye,
¡llegamos derrapando a la capilla!
Este
hecho me ha llevado a orar mucho. He descubierto que es más cómodo esperar a
que nos avisen que estar pendientes. Y, lo que nos pasa con la campana, puede
pasarnos mucho estos días con los hermanos.
Es
genial estar disponible para lo que te pidan, ser capaz de decir: “Si me
necesitas, llámame...” ¡Realmente, eso es muy bueno!
Sin
embargo, el amor del Señor siempre nos invita a dar un paso más. Tal vez haya
una necesidad que no llegas a escuchar o quizá haya alguien que no sea capaz de
pedirte ayuda...
Jesús
no espera a que le llames: vive pendiente de ti a cada instante. Y por nosotros
ha hecho mucho más de lo que nunca nos habríamos atrevido a pedir: se ha hecho
igual a nosotros, nos llama hermanos, se deja coger en nuestras manos, entrega
su vida por amor a ti... y espera ardientemente que le dejes entrar en tu
corazón.
Él
siempre da el primer paso, siempre va por delante. ¿Y si hacemos nosotros lo
mismo?
Hoy
el reto del amor es que te ofrezcas a hacer algún servicio en tu casa. En estos
días de fiestas y alegría, también se acumulan las tareas por hacer y los
detalles por preparar. Hoy dale la mano a Cristo, estate atento y no esperes a
que te llamen: con Él, ¡da el primer paso! “Vengo a ayudar, ¿qué hago?” ¡Feliz
día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
