Durante estas festividades, ¿estamos dispuestos a compartir sinceramente?
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| Mama.ua |
Un tiempo para guardar en
el corazón
¿Qué
es lo que más recuerdo y aprecio de esas épocas? Pues indudablemente estar
junto a mi padre, imitando sus movimientos y esmeros por enderezar el árbol y
reemplazar cada foquito quemado o flojo de la guirnalda de luces. Realmente
eran horas de trabajo, con mucho polvo y calor incluido, pero estábamos felices
en familia, con nuestros hermanos y a veces hasta con los vecinos. Lo mismo
pasaba con mamá y su compra del musgo para el nacimiento (que hoy lo
considerarían antiecológico). Cómo penetraba por la nariz ese olor de humedad
que anunciaba que llegaban las fiestas de Navidad, que coincidía con las
primeras lluvias y los primeros brotes de los guayacanes.
No
había espacio para la discordia, a lo sumo opiniones diversas sobre el lugar
donde armaríamos el árbol, que se difuminaban en la alegría al comprar un nuevo
juego de luces, ¡todo era tan sencillo! Días después se pensaba en la cena
navideña, en cómo presentar al Niño en la Misa de Gallo y qué regalo
recibiríamos de la carta al Niño Dios.
¿Y el espíritu navideño?
Nada
más distante a lo que vemos, escuchamos y sentimos hoy en las proximidades de
las fiestas. No es solo que ya nadie habla de Cristo Rey, sino que hasta
tenemos que soportar los monstruos y fantasmas de Halloween, en medio de un
sincretismo comercial-religioso que anticipa la decoración navideña y confunde
especialmente a los niños que ya no alcanzan a distinguir su significado.
Este
escenario se complica cuando las ofertas de Black Friday invaden los medios de
comunicación y no permiten apreciar el verdadero carácter de esta celebración
religiosa. No podemos darnos el lujo de desperdiciar un tiempo tan hermoso para
hablar, abrazar, cantar y sonreír junto a nuestra familia. No nos inundemos de
cintas de colores y papel de regalo, que acaban en la basura o de juguetes tan
diversos y costosos, que a la semana termina novedad.
De
la misma manera echamos nuestros sentimientos y vivencias familiares, al tacho
de basura. No recordamos el regalo de amor que nos hace Jesús (sin entrar en
detalles teológicos), basta con comprobar la paz y el amor que se respira en
los hogares cuando viven de corazón la Navidad. Este es un tiempo de
preguntarnos si lo estamos aprovechando o no, no por falsa piedad ni folclor,
sino por nuestra familia y la oportunidad de amarnos nuevamente en la sencillez
del Niño que se nos regala.
Por:
Lcdo. Víctor Cárdenas Negrete
