20 PALABRAS PARA MEDITAR LOS MISTERIOS DEL ROSARIO. 5º. MISTERIO DOLOROSO

5. Crucifixión y muerte

Locura de la Cruz,
Oculta a mediodía la luz
Comprende todo mal y pecado
Uñas filosas tus manos
Rasgan, tus pies y costado
Amén, todo está iluminado.

De todos los misterios que nos propone la fe, uno de los más desconcertantes es el de la muer­te de Cristo. De hecho los mismos apóstoles antes de que sucediera trataron de disuadirlo y estaban confundidos por lo que decía Jesús como profeta: vamos a Jerusalén, seré crucificado, se burlarán de mí... y todo esto libremente: “(...) doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy libremente. Tengo potestad para darla y tengo potestad para recuperarla.

Éste es el mandato que he recibido de mi Padre” (Jn 10, 17-18). Vaya que Jesús tenía poder, lo demos­tró toda su vida con sus milagros, su presencia físi­ca cuando Él quería era impactante. En más de una ocasión lo demostró: cuando trataron de echarle mano para acabar con Él y 

Él pasó por en medio de ellos, seguramente sin que lo pudieran tocar si quiera (cfr. Lc 4, 30). O cuando lo van a apresar al Huerto de los Olivos, antes de que le echaran mano dialoga con ellos y caen al suelo por el imperio de su palabra (cfr. Jn 18, 6).

Es normal que los hombres huyamos del dolor y más aún de la muerte. Jesús, no. Supera ese re­chazo y por amor a nosotros busca cumplir con “el mandato que ha recibido” de su Padre: morir para darnos vida. Él lo podía evitar y no lo evitó. Para el hombre que no tiene Fe, que no conoce la grande­za de Dios Amor, esto es inconcebible: es LOCURA. (cfr. 1 Co 1, 23).

Jesús en la Cruz: Dios crucificado. ¿Cómo nos hemos atrevido? Los clavos y la lanza Uñas filosas, traspasan tu carne: tus manos rasgan, tus pies y costado.

Realmente hemos dejado que la oscuridad inva­diera totalmente nuestra mente y que las acciones fueran guiadas por lo más bajo: la envidia, el odio, la voluptuosidad del dominio o del placer. Oscuri­dad en la mente, pecado. Oscuridad en el corazón, oscuridad en la tierra.

El pecado está dando su últi­mo coletazo de rabia y se manifiesta cósmicamente: cuando Jesús fue Crucificado y hasta que murió la tierra se cubrió de tinieblas (cfr. Mt 27, 45). Locura de la Cruz, oculta a mediodía la luz.

Al ser destruido el pecado, es destruida la raíz de todo mal. Comprende todo mal y pecado. Jesús asu­me las consecuencias del pecado, el odio, el dolor, la muerte, y al asumirlas ilumina esas realidades: son algo bueno, son expiación, son —al unirlas a Él— el agua que borra el pecado.

Son un modo, privilegiado, de estar con Él. “Dios mismo «bebe el cáliz» de todo lo que es terrible, y restablece así el derecho mediante la grandeza de su amor, que a través del sufrimiento transforma la oscuridad” (J. Ratzinger, Jesús de Nazaret II, cap. 8, 3). Amén, todo está iluminado.

Con permiso del autor: Juan Pablo Lira

Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario