La
sabiduría de los años. Papa Francisco y amigos es
el título del libro presentado el martes en el que el Obispo de Roma mantiene
un diálogo con ancianos de todo el mundo e intercambia con ellos vivencias
personales
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Una anciana besa al Papa Francisco durante su visita
a la
parroquia San Pablo de la Cruz, en el barrio romano
de Corviale,
en abril de 2018. Foto: AFP Photo/Vincenzo Pinto
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Erwin Froman recuerda el día en que la Gestapo
llegó a su pueblo, en Rumanía, y le obligó a subir con su familia y miles de
personas más en un tren rumbo a Auschwitz.
Después de
tres días de penoso trayecto, se encontraron con dos filas a las puertas del
campo de exterminio. «Mi padre se acercó a un soldado nazi y le dijo que era un
sastre de primera clase y que deseaba trabajar.
El soldado le
preguntó cuántos años tenía. “56”. El soldado le dijo que se dirigiese hacia la
izquierda. Cuando yo traté de ir con él, el soldado me golpeó en la espalda con
la culata del rifle para separarnos. Todavía siento la mano de mi padre
desprendiéndose de la mía. No volví a ver ni a mi padre ni a mi madre».
Al terminar la guerra Froman emigró a los EE. UU.
Aquellos recuerdos de la infancia vuelven a su memoria cada vez que escucha las
noticias sobre refugiados de Siria. «Me veo a mí mismo en ellos». No es
angustia el sentimiento que domina en él, sino más bien un realismo
esperanzado. «No está en nuestras manos solucionar estos problemas. Pero
podemos orar. Y podemos ser amables los unos con los otros».
Esto es lo que
él explica en sus charlas a estudiantes de Secundaria. «Espero que mi historia
tenga algún sentido para ellos y aprendan de mi experiencia que todos hemos
sido creados iguales. Deberíamos eliminar el odio. ¿Será esto posible?», se
pregunta.
Francisco recoge el guante de este tendero
jubilado: «No, nosotros no podemos solucionar todos los problemas del mundo,
pero podemos tratarnos con bondad y cariño mutuos. Ese es nuestro sueño para un
mundo mejor». Una esperanza que obedece también a su «fe en la fortaleza
interior que tienen los seres humanos para superar los momentos negativos».
En esa convicción le reafirma al Papa la historia
de Janet Shaabo Mardelli, una abuela de Alepo que, tras perder a su marido y a
varios familiares en la guerra de Siria, se encontraba en el momento de la
entrevista a punto de empezar la «aventura incierta» de una nueva vida como
refugiada en Italia.
Una historia de vida en medio de un escenario de
muerte es también la de la valenciana María Dolores de Guevara, nacida durante
un bombardeo en la guerra civil española. Las privaciones de la posguerra se
acentuaron con la llegada a la casa de un solo dormitorio de un abuelo y de una
tía con su hija de 2 años.
Por si no eran
suficientes las bocas de cuatro adultos y tres niños para compartir en cada
cena una sopa de pan, los padres de María Dolores siempre tenían un plato para
una anciana que solía acudir a mendigar. «A pesar de lo que podría parecer, en
aquella casa siempre hubo alegría. Cantábamos y mirábamos la vida con
optimismo. Superar los desafíos fue una constante en la vida de mis padres»,
rememora la mujer.
Un empeño
personal del Papa
Son algunos de las decenas de testimonios de
ancianos recopilados por los jesuitas en 18 países. Se trata de un empeño
personal del Pontífice, quien tras la experiencia de Querido Papa
Francisco, el libro en la que respondía a preguntas de niños de
todo el mundo, manifestó su deseo de hacer algo similar con mayores.
Bergoglio responde a 31 de las cartas y comparte
diversas experiencias personales al comienzo de cada uno de los capítulos
(sobre trabajo, lucha, amor, muerte y esperanza), desde el convencimiento
–escribe en el prólogo– de que la esperanza de la sociedad pasa por unir a
ancianos y jóvenes. «Desde hace algún tiempo acaricio una idea en mi corazón.
Siento que lo que el Señor desea que os diga es esto: que entre jóvenes y
ancianos debe existir una alianza. Ha llegado la hora en que los abuelos deben
soñar para que los jóvenes puedan tener visiones».
Antonio Spadaro, director de La Civiltà Cattolica, recibió las
cartas y se reunió con el Papa en tres encuentros en julio de 2017. Francisco
escuchaba los textos y miraba las fotos de aquellos ancianos mientras les
respondía. «Me he visto a mí mismo hablando mentalmente con algunas de ellas
como si de una conversación se tratase», escribe.
Entre estos rostros procedentes de los cinco
continentes que hablan sobre el amor, los desvelos por sacar adelante una
familia o la pérdida de un ser querido, aparecen algunas personalidades
conocidas. Martin Scorsese, director de La
Misión y Silencio (dos
películas centradas en la Compañía de Jesús) anima a los jóvenes a no
desanimarse ante los contratiempos, y comparte con ellos las dificultades que
tuvo que sortear al comienzo de su carrera. «He aprendido más del fracaso, del
rechazo y de la hostilidad sin disimulo que del éxito», asegura.
También participa el padre Ángel García, quien
habla de un aspecto poco conocido de su biografía: su paternidad (adoptó a su
hijo Josué en El Salvador). El fundador de Mensajeros de la Paz, de 81 años,
comparte esta reflexión que bien podría servir de resumen a este libro: «Los
más pobres y los más poderosos de este mundo, los más jóvenes y los más
ancianos, todos necesitamos ser amados. Nos parecemos más de lo que creemos. El
amor te hace sufrir, pero siempre te da un resultado más valioso que el
sufrimiento».
Ricardo Benjumea
Fuente: Alfa y Omega
