Cambio
estacional
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
¡Qué
sueño! Desde hace unos días venía sintiendo un estado de cansancio continuo.
¿Decidía irme pronto a la cama? Me levantaba con sueño... ¿Qué me iba un poco
más tarde? Igual de sueño... Si ya de por sí parezco una marmota, no te quiero
ni contar estos días...
Lo
bueno es que era algo generalizado. Cuando lo comentaba, de alguna forma o de
otra, las demás también reconocían que habían notado algo más de cansancio
últimamente. Y eso hace que sea algo más llevadero. ¡Pero lo que realmente
llevaba peor era el mal humor que te genera por dentro!
Así
que ya me decidí sentarme a estudiarlo. En la Orden de Predicadores, uno de los
lemas es “Veritas” (búsqueda de la verdad), y esto del estudio es algo que
llevamos muy dentro, y en cualquier situación sale.
Y,
¡qué bueno!, porque, al estudiar un poco qué le sucede a nuestro cuerpo cuando
llega el otoño, comprendí muy bien lo que nos está pasando.
La
causa de todo está en los cambios en la luz. Como cada día tenemos menos tiempo
de luz solar, nuestro cuerpo comienza a generar más melatonina (hormona que
provoca el sueño) y menos serotonina (hormona del humor). Por esto estamos más
cansados, y sale el mal genio con más facilidad. Además esto no afecta a todos
igual: depende de la sensibilidad de tus ojos a la luz.
Qué
descanso... El Señor me regaló experimentar que también en esto “la verdad os
hará libres”. Quizá sigo sintiendo ese sueño, pero, descubrir que tiene una
razón de ser, hace que una pueda relativizar muchísimo, y que el estado físico
no afecte demasiado a la relación con los demás.
Además
me encantó ver que se trataba de un tema de luz y de alegría. Porque, aunque la
luz del sol sea cada día menor y por ello nuestra hormona de serotonina genere
menos cantidad, más necesitados estamos de la verdadera Luz y de la auténtica
Alegría, que es Cristo. ¡Te necesitamos, Señor!
Hoy
el reto del amor es relativizar y disfrutar. Tu día es un regalo, sea otoño,
invierno o verano... y, si algo te impide verlo así, busca en tu corazón, mira
qué te sucede y deja entrar a Cristo justo en eso. Con su Amor y su Alegría, la
misma situación se vive de forma distinta.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
