Lo
único importante que no debes olvidar
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Durante
el mes del rosario, la Eucaristía de las 20 h. de la noche de la Parroquia se
traslada a nuestro monasterio. De modo que, todo el que quiera, puede venir a
rezar el Rosario junto con nosotras y, a continuación, la Eucaristía.
Cada
día una persona del pueblo dirige el rosario, menos los sábados, que nos toca a
las monjas. Y este primer sábado me tocó a mí.
Con
lo fácil que es rezar un rosario... ¡nunca me imaginé que te podías quedar en
blanco!
En
un principio subí al ambón tan tranquila, pero, conforme empezábamos a rezarlo,
me ponía más y más nerviosa pensando: “Se me va a olvidar cómo sigue el
avemaría... se me va a olvidar...” Total, ¡que se me olvidó!
Y
en un “Santa María, Madre de Dios...” no sabía cómo seguir, si lo estaba
diciendo bien o mal... y tuve que echar una mirada a mis hermanas para ver cómo
continuar.
Poco
después casi me sucede lo mismo con el padrenuestro y, al final, entre nervios
y tropiezos, me despisté por un momento de contar cuántas avemarías llevábamos
y tuve que volver a mirar a mis hermanas para que me echaran un cable.
Estando
ahí arriba, en el ambón, pude experimentar un poco lo que sienten tantas
personas que comienzan a ver cómo su memoria les falla. Y al instante recordé
una anécdota que me contó hace tiempo el sacerdote que nos ayuda.
Me
dijo que, paseando por la calle, se encontró con una feligresa suya, muy mayor,
y se detuvo a preguntarle qué tal estaba.
-Bien,
-respondió ella- aunque mi memoria comienza a fallar.
-Bueno,
mientras no te olvides de lo más importante...
-¿Y
qué es lo más importante? -preguntó la anciana.
-Que
el Señor te ama -respondió el sacerdote con certeza.
Y
ella, consciente de la debilidad que sentía en su ser, añadió:
-Para
eso está usted: para recordárnoslo con su ternura.
Así
que, mientras intentaba no olvidar cómo seguía el padrenuestro o el avemaría,
me daba cuenta de que lo importante no está en procurar no equivocarse o en no
perder la memoria. Lo único importante está en que tengas siempre presente que
el Señor te ama, y que, cuando se te olvide, mires a tu alrededor, hacia
aquellas personas que sabes que te ayudarán a recordarlo.
Hoy
el reto del amor es acordarte de tus mayores. Normalmente son ellos los que
experimentan esta debilidad, y también necesitan de nosotros, que seamos el
recuerdo constante de que son queridos, de que les queremos, y de que, por
encima de todo, el Señor les ama. Cuando deseas recordar esto a los demás
tampoco tú lo olvidarás.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
