30 Domingo Tiempo Ordinario (Ciclo B)

MONICIÓN DE ENTRADA
Buenos días, hermanos, sed bienvenidos a la celebración de la familia de
Dios.
Como cada domingo al iniciar nuestra celebración dominical, hemos pronunciado
sobre nosotros el nombre de Dios-Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y
hemos hecho sobre nosotros la señal de la cruz.
Con este signo y con estas palabras tan sencillas nos hemos constituidos
en Asamblea santa, en Pueblo sacerdotal. Nunca daremos suficientemente gracias
por participar en la celebración de los hijos de Dios.
Dispongámonos a participar en el Banquete que Cristo nos prepara.
MONICIÓN A LAS LECTURAS
No es lo mismo mirar que ver. La mayoría de nosotros miramos muchas
cosas, las observamos con los ojos de la cara; pero, si somos sinceros, hemos
de reconocer que nos cuesta “verlas” en profundidad, nos cuesta comprender su
significado y el sentido que tienen en el plan de Dios.
En cierto modo, respecto a la fe, todos somos un poco ciegos, necesitamos
que nos abran los ojos para poder reconocer la salvación de Dios.
Estemos atentos a las lecturas que hoy se nos proclaman, Jesús viene a
abrirnos los ojos. Su gracia nos dan la capacidad para reconocerlo como nuestro
Maestro y Señor.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A cada petición
respondemos: ¡Señor, danos los ojos de
la fe!
- Por los pastores
de la Iglesia, por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que por su
predicación de la Palabra ayuden a sus hermanos a ver con ojos de fe. OREMOS.
- Por
nuestros gobernantes, para que lejos de promover la división entre nuestro pueblo
busquen la justicia y la concordia. OREMOS.
- Por las naciones
que viven bajo regímenes totalitarios, para que la providencia divina les
conduzca por caminos que llevan a la libertad. OREMOS.
- Por los hombres y
mujeres que buscan el sentido de sus vidas, para que encuentren testigos del
Evangelio que les reflejen la luz de Jesucristo, Maestro y Señor. OREMOS.
- Por todos nosotros que participamos de la Eucaristía dominical, para
que trasformados por la comunión con Cristo seamos reflejo de su presencia allí
donde nos encontremos. OREMOS.
ORACIÓN FINAL
Gracias, Jesús, Hijo del Padre,
porque por tu encarnación
has andado nuestros caminos
y te has convertido en la Luz de nuestras
vidas.
Tú te has acercado a cada uno de nosotros,
nos has iluminado con tu rostro
y has roto nuestra ceguera.
Señor, con tu Iglesia, que nos ha predicado
tu Palabra,
te confesamos como Luz del mundo,
Aquel que tiene poder sobre las tinieblas
y sobre los hombre irradia
el resplandor de la gloria divina.
¡Oh, buen Jesús!, con humildad te pedimos,
que nos hagas testigos tuyos,
difusores en nuestras vidas
de la luz que de Ti hemos recibido.
Señor, que no nos asuste visitar a nuestros
hermanos
cuando están en tinieblas,
que tengamos el arrojo de pronunciar tu
Palabra
confiando que será la luz de su gracia
la que rompa su ceguera.
Amén.