Entrevista
al padre sinodal, Mons. José Elías Rauda, Obispo de San Vicente en El Salvador
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Mons. José Elías Rauda, Obispo de San Vicente © Cáritas El Salvador |
A
pocos días de terminar el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, conversamos
con monseñor José Elías Rauda, OFM, obispo de San Vicente, en El Salvador.
Junto
a sus expectativas de las conclusiones del sínodo, también explicó el buen
efecto que ha tenido la canonización de monseñor Óscar Romero en su país, y
cómo la Iglesia salvadoreña espera la canonización de otros mártires de la
misma guerra interna, que mató al santo obispo.
¿Cómo estuvo el ambiente
del sínodo en esta fase final?
En
el aula del sínodo se ha respirado un ambiente de fraternidad, y también de
satisfacción por los frutos que ha dado al escuchar a los jóvenes, quienes
necesitan ser los protagonistas. No solo se trata de un trabajo para ellos,
sino con ellos, acompañarles a las diferentes etapas de la vida. Y no solo para
ellos, sino para nosotros mayores. Somos una Iglesia-comunión, eso es lo que el
Vaticano nos recuerda, una Iglesia pueblo de Dios, donde todos tenemos un
lugar, de acuerdo a los carismas que hemos recibido.
¿Hay algo que a usted le
gustaría que se incluya en las conclusiones, desde la realidad del joven
centroamericano?
Yo
quisiera ver como reto, cómo responder a la violencia, porque ya los gobiernos
lo que hacen es multiplicar el ejército y los policías para controlarlos. Pero
lo que se trata es de formar y prevenir, y cómo acompañar a estos jóvenes. Por
otro lado, veo la necesidad de formar desde los seminaristas, para que se
especialicen en pastoral juvenil. Y así, sientan esa compasión de Cristo por
acompañar a tantos hermanos, como Aquel que acompañaba a las multitudes
abandonadas como ovejas sin pastor. Que aprendamos todos de la pedagogía de
Jesús, caminando con los jóvenes, caminando con nuestros hermanos, nuestras
hermanas, así como lo hizo Jesús con los discípulos de Emaús.
En los días del Sínodo fue
la canonización de monseñor Romero… ¿Qué mensaje deja para el trabajo con los
jóvenes?
La
canonización de monseñor Romero viene a ayudarnos más que todo, para unificar
criterios en el aspecto de la formación. Hay que poner atención desde la
formación de los sacerdotes, al verlo como figura, como modelo, como santo. Nos
queda pues, conocer su aura, su vida, ese Romero como niño enfermo, sus
estudios, su inteligencia, su formación inicial, su formación permanente, su
espiritualidad, su vida interior, su profetismo y su coherencia de vida, así
como su identidad y su espiritualidad como pastor fiel y mártir. Creo que
monseñor Romero fue para nosotros un motivo de inspiración, y seguirá siendo
motivo y auge de vocaciones que quieran servir al Señor como él lo hizo.
En El Salvador, otros
derramaron también su sangre en época de Romero… ¿Qué casos quisiera resaltar y
cuéntenos cómo van sus causas de beatificación…?
Pensar
en monseñor Romero es pensar también en otros hermanos y hermanas. Como el
obispo Joaquín Ramos, que fue asesinado unos años después. Podemos pensar en
otros mártires como lo fue el padre Cosme Spessotto, italiano misionero
franciscano, que tres meses después de la muerte de monseñor Romero se le quitó
la vida. Y luego el padre Rutilio Grande, que está ya en proceso de
beatificación. Pensemos en los profesores sacerdotes jesuitas, asesinados en la
Universidad Centroamericana (UCA), junto a la cocinera y su hija. Ha habido
tantos catequistas, religiosas, seminaristas, diáconos. Entonces es una
multitud, la que fue asesinada en la época del conflicto. Debemos recordarles y
ante todo, ver que son un ejemplo para nosotros en la Iglesia salvadoreña, como
semillas de sangre de mártires, que son la semilla de nuevos cristianos.
¿Se siente más
identificado con los asuntos de los jóvenes, después de este sínodo?
Creo
que para todos los obispos y los sacerdotes que estamos participando en el
sínodo, es toda una escuela, todo un momento de formación permanente, con este
punto específico de los jóvenes. En todos nosotros creo que se ha clavado bien
la urgencia de convertir nuestro corazón hacia el joven. Yo soñaría, por lo
menos como desafío, que se vuelva o que se viva la famosa opción preferencial
por los jóvenes desde Puebla, porque eso significa conversión del corazón de
los pastores para darles atención, acompañarles, incluso con recursos
económicos para hacer programas de formación. Después de este sínodo, estamos
convencidos de la importancia del protagonismo de los jóvenes, pues ellos no
solo son el futuro, sino el presente. Esperamos que las conclusiones del sínodo
las podamos aterrizar cada obispo; y si la pastoral juvenil ha sido descuidada,
pues que se tome en serio y de eso surja un discipulado, con el protagonismo
que los jóvenes deben tener en la Iglesia.
José Antonio Varela Vidal
Fuente:
Zenit