28 Domingo Tiempo Ordinario (Ciclo B)
MONICIÓN DE ENTRADA
Buenos días, sed bienvenidos a la celebración del día
del Señor.
Un Domingo más nos hemos reunidos como hermanos para
celebrar en comunidad la Pascua del Señor. Cada uno de nosotros venimos
cargados con nuestras vidas: traemos al altar nuestros gozos y tristezas,
nuestros fracasos y esperanzas, nuestros egoísmos y entregas generosas…,
confiando que el Señor purifique nuestra ofrenda y la eleve al Padre como
acción de gracias.
Dispongámonos a celebrar con fe el Sacramento que nos
introduce en la comunión divina.
MONICIÓN A LAS LECTURAS
Desde que nacemos todos portamos una gran
pregunta: ¿Cómo lograr la vida? O dicho de otro modo ¿de qué modo ser felices y
atravesar el muro de la muerte?
No es una cuestión fácil. A veces nos cuesta
toda la vida poder hallar la respuesta. Hoy las lecturas nos iluminan sobre
esta cuestión. Sin embargo, su respuesta no es fácil, es muy exígete.
Escuchemos como discípulos y acojamos con
confianza la enseñanza que Jesús nos dirige.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A cada petición
respondemos: ¡Oh, Señor, escucha y ten
piedad!
- Por el Papa,
los obispos y sacerdotes, para que en el ejercicio de su ministerio revele el
cuidado pastoral que Cristo tiene con su Iglesia. OREMOS.
- Por
nuestros gobernantes, para que en su oficio legislador promuevan el bien común
y la concordia entre todos los españoles. OREMOS.
- Por los enfermos,
por los ancianos, por los que viven en soledad, por aquellos que no tienen a
nadie que se ocupe de ellos, para que encuentren el apoyo de los próximos y
Dios les conforte con el don de la fe. OREMOS.
- Por todos aquellos que
en lo profundo de su conciencia sienten la llamada del Señor, para que
liberándose de sus ataduras sean capaces de responder a su vocación. OREMOS.
- Por los miembros de nuestra parroquia, para que no nos instalemos en la
mediocridad, para que estimulados por la Palabra evangélica seamos fieles
seguidores de Cristo. OREMOS.
ORACIÓN FINAL
Gracias, Señor porque te has hecho el
encontradizo,
porque al andar por nuestros caminos,
has despertado en nosotros el deseo
de seguir tus huellas.
Maestro bueno,
no te canses de enseñarnos el secreto de la
vida,
insiste, con paciencia, en mostrarnos
el camino que lleva a la vida eterna.
Señor, bien conoces
el temor que nos producen tus enseñanzas:
no encontramos en nosotros ni la decisión
ni las fuerzas para ponerlas en práctica,
nos asustan las renuncias que suponen
y nos da miedo el fracaso.
¡Oh, buen Jesús! Ten paciencia con nosotros;
tomanos de la mano para llevarnos en tu
compañía;
infunde en nuestra alma tu Espíritu
para que Él fortalezca nuestra debilidad;
y, si en el camino tropezamos,
úngenos con tu misericordia,
para que ella cure nuestras heridas
y nos disponga a la salvación que viene del
Padre.
Amén.
