20 PALABRAS PARA MEDITAR LOS MISTERIOS DEL ROSARIO. 1ER. MISTERIO LUMINOSO

1. El bautismo del Señor en el Jordán

Jesús victorioso se acerca al gentío
Olas serenas Juan bautiza en el río
Riñe el gigante y el Cordero lo vence
Dos en lo alto: el Misterio presente
A los cielos lejanos se abre el camino
No será vana la expiación del Amigo.

Jesús, al comenzar su vida pública, pasó un largo periodo en el desierto en donde ayunó y fue tentado por el diablo. Tras vencer al tentador Jesús se acerca al JORDÁN para ser bautizado por Juan. Jesús victo­rioso se acerca al gentío. Olas serenas Juan bautiza en el río.

Pero no será automático, Jesús tendrá que con­vencer a Juan para que lo bautice. Juan, que en un futuro recibirá de Jesús el halago de ser el más gran­de de los nacidos de mujer, no entiende. Y es lógico que no entienda, si su bautismo es un bautismo de penitencia, un bautismo de conversión ¿cómo quie­re el Justo, el Santo, el destructor del pecado some­terse a un bautismo como si él fuera pecador? 

Juan no entiende, pero obedece y bautiza a Jesús. Riñe el gigante y el Cordero lo vence.
Después comprenderemos: “Sólo a partir de la cruz y la resurrección se clarifica todo el significado de este acontecimiento. Al entrar en el agua, los bautizandos reconocen sus pecados y tratan de libe­rarse del peso de sus culpas. ¿Qué hizo Jesús? Lucas, que en todo su Evangelio presta una viva atención a la oración de Jesús, y lo presenta constantemen­te como Aquel que ora —en diálogo con el Padre—, nos dice que Jesús recibió el bautismo mientras oraba (cf. Lc 3, 21).

A partir de la cruz y la resurrec­ción se hizo claro para los cristianos lo que había ocurrido: Jesús había cargado con la culpa de toda la humanidad; entró con ella en el Jordán. Inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores. La inicia con la anticipación de la cruz” (J. Ratzinger, Jesús de Nazaret I, cap. 1) A los cielos lejanos se abre el camino. No será vana la expiación del Amigo.

Y este modo de proceder no es una ocurrencia de Jesús, sino que es fruto de su oración, en la que adecuaba su voluntad humana a esa única voluntad divina que quiere la salvación del hombre. Aparece el Espíritu Santo en forma de paloma y se escucha la voz del Padre manifestando aceptación a lo que el Hijo hacía, y mostrando por primera vez de modo público y explícito un rayo del misterio más gran­de: la Santísima Trinidad. Dos en lo alto: el Misterio presente.

Con permiso del autor: Juan Pablo Lira

Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario