20 PALABRAS PARA MEDITAR LOS MISTERIOS DEL ROSARIO. 4º. MISTERIO GOZOSO

4. La Purificación

Simeón es ya viejo y Ana igual,
Idas y venidas jamás los distraen
Miran al Niño, el Cordero Pascual
Encuentran en Él el sentido cabal
Orando esperaron y Te vieron llegar
Nada me aparte de Ti hasta el final.

En Egipto hace muchos, muchos años, Dios libe­ró a su pueblo de la esclavitud. La última plaga, el Ángel Exterminador, no perdonó primogénito algu­no más que a los de los judíos, que en obediencia a las instrucciones divinas, marcaron sus puertas con la sangre del cordero pascual. Esos primogé­nitos perdonados pertenecen a Dios, para recupe­rarlos había que ofrecer un sacrificio.

José y María ofrecen el sacrificio para rescatar al primogénito de la familia (J. Ratzinger, La infancia de Jesús, cap. 3, “Presentación de Jesús en el Templo”). Paradójica­mente ese Niño es el auténtico Cordero Pascual que con su sangre liberará a todos los que crean en Él, de la muerte y de la esclavitud del pecado. 

A pesar de todo el trabajo y la multitud de gen­te que transita por el Templo, Simeón mantiene la atención en lo importante: esperar el cumplimiento de la salvación de Dios. Ana la profetisa de igual manera se dedica a lo más grande que puede hacer criatura alguna: alabar a su Creador. De esta ma­nera Ana supera la nostalgia por el pasado feliz en compañía de su marido. Ana mira hacia adelante. Simeón es ya viejo y Ana igual, idas y venidas jamás los distraen.

Cuando llega Jesús en los brazos de su Madre, SIMEÓN lo toma en los suyos y deja que Dios colme su vida de una buena vez. Sus años están llenos y está listo para morir porque ha conocido la fidelidad y el amor de Dios, que no deja solo al hombre. Toda esa espera de años se convierte en una chispa de eternidad, porque en la eternidad hay plenitud de sentido, “en Ti está la fuente de la vida, en tu luz ve­mos la luz” (Sal 36, 10).

Ana, testigo de la escena, igualmente confirma que todo ha valido la pena: Dios no defrauda, sin duda hace esperar, pero mientras mayor es la espe­ra el deseo se hace más grande y por tanto la felici­dad final es mayor.

¿Cómo hacer para mantener la espera? Orando esperaron y Te vieron llegar. Si quiero ver a Dios al final, si quiero mantenerme en tensión hacia Dios hasta el final de mis días necesito la oración. Que me mantenga unido a Ti, Dios mío, por la oración, y así al final pueda verte y gozarte tanto como mi deseo haya crecido con la ayuda de tu gracia: Nada me aparte de Ti hasta el final.

Con permiso del autor: Juan Pablo Lira

Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario