Transformando
panecillos
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Hace
ya unos días, un amigo nuestro nos llamó por teléfono. Había tenido un problema
en su fábrica. Resulta que uno de los congeladores había fallado y varias cajas
de panecillos se habían descongelado. Ya no podía guardarlos, había que
consumirlos cuanto antes. Nos llamaba para preguntarnos si queríamos un par de
cajas.
Aceptamos
encantadas y... ¡estaban buenísimos! Pero claro, había muchos panecillos,
¡necesitábamos transformarlos!
Así
pues, aparte de acompañar las comidas, por la noche metimos unos pocos en el
horno, rellenos de atún y tomate. Los tostamos y... ¡tachán! ¡Parecían
totalmente diferentes!
Otro
día troceamos los panecillos, los mezclamos con leche, huevo... un par de
pedacitos de fruta por encima, un ratito de horno y... ¡zas! Una estupendísima
tarta de pan.
Es
impresionante: el panecillo es siempre el mismo, pero, al salir del horno, ¡¡es
completamente diferente!
Así
nos ocurre a nosotros con Jesucristo. Él es nuestro horno, el que, con su amor,
nos da calor de vida, de amor. Nuestra realidad (familia, amigos, trabajo...)
puede ser exactamente igual, ¡pero ahora es distinta!
Todo
lo que ponemos en manos de Jesucristo queda transformado. ¡Todo! Pero, como en
el horno, cada cosa lleva su tiempo: ¡no es lo mismo tostar unos panecillos que
cuajar una tarta! Requieren tiempos y temperaturas diferentes. Por eso, nuestra
fe en Él debe permanecer firme, ¡la confianza se muestra en saber esperar!
Tienes
su promesa: “Yo hago nuevas todas las cosas”. Y, si es “todas”, ¡es todas! No
solo lo que te preocupa o tu tristeza; con Cristo tus alegrías estarán más
llenas de color, tu amor será más fuerte y tu entusiasmo se renovará cada mañana.
Hoy
el reto del amor es que transformes algo cotidiano en algo extraordinario. Te
invito a que, en tu oración, pongas todo tu día en manos de Jesús. ¡Pídele
poder verle actuar! Y hoy, haz una tarea en casa de forma especial. Si dejas el
café hecho, ¿por qué no poner también la taza al lado? Si has preparado la
lista de la compra, ¿por qué no poner un “te quiero” al final? Haz que lo de
siempre sea igual, pero diferente: ¡haz que sea nuevo!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
