Un destello de su gloria
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
por la mañana, cuando llegué a la celda después del desayuno dispuesta a
ponerme la ropa de trabajo y a hacer la cama y demás, algo impactante me llamó
la atención.
El
Cristo crucificado que está sobre mi cama estaba iluminado de forma muy
llamativa. Había un círculo de luz, un destello del sol a la altura de sus
rodillas y que hacía un reflejo hacia toda la pared... era algo alucinante.
Todas
las mañanas hago este recorrido y nunca me había fijado en aquello. “Qué
casualidad”, ¿verdad? Esto es lo que pensamos muchas veces con las cosas que
nos pasan, y le ‘otorgamos’ toda la gloria a la casualidad. Y esta palabra,
desde que tuve el encuentro personal con Cristo, la tuve que desterrar del
vocabulario. Porque es verdad: cuando Le descubres junto a ti, y te das cuenta
de que siempre ha estado ahí, entonces crees que nada de lo que nos sucede es
por casualidad. Más bien es Él, que se vale de las cosas más pequeñas, o de las
más grandes, para llamar nuestra atención y hacernos ver que nos está cuidando.
En
la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento, habla muchas veces de la
“Gloria de Dios”. Es un término que siempre me ha llamado la atención así que
el otro día me puse a estudiar qué querían decir exactamente con ello, y
encontré esta nota en la Biblia de Jerusalén: “Dios les mostraba su ‘Gloria’,
es decir, las señales exteriores que rodean y revelan a su persona. Es la señal
de su presencia”.
Cristo
está a cada instante manifestándose en nuestra vida, lo que sucede que muchas
veces son nuestros ojos los que no le saben reconocer.
Hoy
el reto del amor es desterrar la palabra casualidad y comenzar a descubrir que
Jesús está muy presente en tu día. ¡Si crees, verás la Gloria de Dios!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
