También
entre los “trapos” anda el Señor
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Los
jueves son día de limpieza a fondo en la cocina. Normalmente cada día, después
de cocinar, las encargadas de ese turno se ocupan ellas mismas de dejarlo todo
limpio. Pero, una vez a la semana, se hace la limpieza intensiva en una de las
zonas. Este último jueves era nuestro turno, y nos tocaba limpiar las cocinas y
la campana.
Nos
pusimos a ello trapos en mano, sprays, estropajo, cuchillo... con todo lo
necesario para dejarlo como los chorros del oro.
La
verdad es que es un trabajo intensivo, ya que se trata de una cocina
industrial, que, para limpiarla a fondo, hay que ir desmontado pieza a pieza,
subirse encima de la cocina para acceder a la campana (que es enorme), meter
casi medio cuerpo dentro del horno para llegar hasta el fondo... y, con el
calor de estos días, el cansancio se iba notando.
Justo
en ese momento, me vino un pensamiento fugaz: “Y todo esto para que, en cuanto
acabemos de limpiar, lo volvamos a manchar...”
Pero,
acto seguido, mi queja interna me condujo a descubrir que en realidad es el
Señor quien realiza esta misma tarea día y noche con nosotros. Cada día sale a
nuestro encuentro, quiere que Le descubramos a nuestro lado y, si Le damos
paso, es Él quien nos cura, nos limpia, nos sana. Su Amor se renueva cada
mañana para nosotros, para que no nos quedemos en las caídas de ayer, para que
volvamos a levantarnos, a comenzar de cero, a vivir con una vida nueva. Porque
eso es lo que nos regala, un Amor que nos hace nuevos, que siempre da nuevas
oportunidades.
Todo
esto, y mucho más que se escapa a nuestros ojos, es lo que Él hace cada día con
nosotros. Y no se cansa; es más, Él mismo sabe que vamos a seguir siendo
pobres, que vamos a caer, ¡Él cuenta con ello mucho más que nosotros mismos! Y
eso no Le impide amarnos hoy; y mañana lo volverá a hacer, y pasado... Él
prefiere mil veces más que nos tropecemos en el camino, a que, por miedo a
mancharnos, no hagamos nada.
Él
nos salvó de una vez para siempre, murió por nosotros y resucitó, y ahora su
ocupación es ir derramando sobre nosotros esa salvación para que Le acojamos en
nuestra vida: sale a buscar a la oveja perdida, restaura nuestros errores, nos
llena de bendiciones, nos levanta siempre...
Me
di cuenta de qué pronto nos cansamos nosotros. Pero ya tenemos la experiencia
de que Jesús no se cansa, porque solo sabe hacer una cosa: amarnos.
Hoy
el reto del amor es acoger este regalo que llama a tu puerta. Es Jesús,
deseando vivir un día lleno de aventuras. Ábrele la puerta, déjale entrar, deja
que Su mano salvadora sane tu vida y puedas comenzar con Él de cero.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
