Las redes sociales, lo
sabemos, no son neutras, hay también intereses comerciales y manipulación
Cuando
estaba en Congo me dijeron que los jóvenes del Movimiento Eucarístico Juvenil
(MEJ), en Kinshasa, usaban mucho Click To Pray, la plataforma de oración del
Papa, para compartir con otros sus intenciones de oración personal. Y me decían
que al ver el número de personas que hacen Click y oran con ellas, se sienten
menos solos frente a las dificultades de la vida y los desafíos de su país. En
las redes sociales en Internet encuentran un espacio de apoyo y solidaridad.
Es
cierto que el desarrollo de las tecnologías de comunicación ha abierto un nuevo
mundo, abriéndonos a otras culturas, otras tradiciones religiosas, así como a
otras formas de pensar. Nos han convertido en un “pueblo global”, creando
empatía y solidaridad más allá de nuestro barrio y ciudad, o por encima los
océanos. Y esto es bueno, como dijo el Papa Benedicto hace casi 10 años “es un
verdadero don para la humanidad”. Claro, también, ha despertado miedos,
reforzado defensas, haciéndonos reaccionar a veces al mínimo resfriado que se
amplifica a todos los rincones del mundo. Las redes sociales no son siempre
como “Alicia en el país de las maravillas”, a veces son como la “Caperucita
Roja”, con lobos digitales. Es un mundo que tiene sus peligros, su espejismo e
ilusión engañosa, y muchas veces en lugar de servir como un instrumento de
verdadera comunicación se vuelven un medio de discordia y desinformación,
pensemos al fenómeno de las noticias falsas, “fake news”, a las cuales el Papa
ha dedicado las última Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: «La
verdad os hará libres» (Jn 8, 32).
La
velocidad con la que se comunican las informaciones supera nuestra capacidad de
reflexión y de juicio, y esto no permite una expresión mesurada y correcta, lo
que genera muchas veces violencia. Las redes sociales, lo sabemos, no son
neutras, hay también intereses comerciales y manipulación, los algoritmos nos
conducen a relacionarnos con personas que piensan como nosotros, reforzando una
“mundialización de la superficialidad”. Las redes digitales tienen sus límites.
Pero
como decía ya el Papa Francisco en 2014: estos límites “no justifican un
rechazo de los medios de comunicación social; más bien nos recuerdan que la
comunicación es, en definitiva, una conquista más humana que tecnológica.
Entonces, ¿qué es lo que nos ayuda a crecer en humanidad y en comprensión
recíproca en el mundo digital? Por ejemplo, tenemos que recuperar un cierto
sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar
silencio para escuchar. Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien
es distinto de nosotros” (…) “Necesitamos resolver las diferencias mediante
formas de diálogo que nos permitan crecer en la comprensión y el respeto. La
cultura del encuentro requiere que estemos dispuestos no sólo a dar, sino
también a recibir de los otros”.
Es
lo que pide una vez más el Papa este mes: no dejar que la red digital sea
"un lugar de alienación", sino "un lugar concreto, un lugar rico
de humanidad". No una red de cables, sino de personas humanas. Por eso, en
su video mensual, El Video del Papa, invita a aprovechar “las posibilidades de
encuentro y de solidaridad que ofrecen las redes sociales”. La comunidad
cristiana, apoyada por el fuego del Espíritu Santo, siempre ha buscado vivir la
comunión en la diversidad, como Pentecostés, y no como la uniformización de
Babel. Hagamos pues de las redes sociales lugares de humanización, de apertura
al otro, a su cultura, su tradición religiosa y espiritual, a su diferencia;
lugares de dialogo y solidaridad al servicio de una ciudadanía responsable.
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