Una
explicación sobre por qué la Iglesia "cuenta como domingo" la noche
del sábado
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| George Martell-The Pilot Media Group-(CC BY-ND 2.0) |
La misa del sábado por la tarde, para los
católicos, es ya misa del domingo.
Lo mismo pasa con los días festivos y con la liturgia de las horas, donde las
vísperas del sábado no existen, sino que se consideran primeras vísperas del
domingo. Se trata de uno de los grandes “cambios” introducidos en la reforma
litúrgica que pedía el Concilio Vaticano II, en la Constitución Sacrosanctum
Concilium (punto 107).
Algunos se
preguntan si este hecho se debe realmente a que en la antigüedad la misa
cristiana era así (heredera del shabbat judío, que empieza con el ocaso del
sol del viernes), o ha sido un “invento” posterior, por motivos pastorales y
para permitir a los fieles más flexibilidad de horarios.
A una de
estas preguntas responde el padre Lamberto Crociani, profesor de Liturgia
en la Facultad Teológica de Italia central, en la revista italiana Toscana
Oggi. Este experto explica que, en efecto, comenzar la celebración del
domingo en la tarde del sábado es una antiquísima costumbre cristiana, que
mantienen varios ritos orientales.
En el oficio
bizantino, por ejemplo, el salmo invitatorio se reza aún hoy cada día al
principio de las vísperas. Durante siglos, las vísperas del sábado
marcaban el comienzo del domingo, y la tarde del sábado tenía más importancia
celebrativa que la tarde del domingo.
Retomando
esta antiquísima costumbre, la reforma de Pablo VI quiso volver a la situación
primitiva de empezar el domingo la tarde del sábado.
Por tanto, la costumbre adoptada de
calificar la misa del sábado por la tarde como “prefestiva” no solo es
equivocada, sino que causa confusión.
La reforma, de hecho, lo que está haciendo es volver al “rito antiguo” de la
Iglesia romana y de las Iglesias occidentales de reconocer en esta celebración
el comienzo solemne del domingo.
En este
sentido, explica el profesor Crociani, hay muchos documentos antiguos que
demuestran que era así, y que la reforma conciliar no ha “inventado” nada
nuevo.
El origen de la celebración de vísperas a
vísperas se encuentra
en el Levítico 23, 32, cuando Moisés prescribe al pueblo de Israel de observar
el sábado de las vísperas del día anterior hasta la tarde del siguiente, por
tanto desde la tarde del viernes hasta la del sábado. Esto se comprueba desde
el final del relato de la Pasión en los cuatro Evangelistas, que dicen que ya
se están encendiendo las primeras luces del sábado al final de esa vigilia (Parasceve) de la Pascua cuando el Señor fue
sepultado. La Iglesia acogió y sancionó esta norma judía ligándola al domingo,
por lo que el concilio de Laodicea (s. IV) prescribirá observar el domingo
desde las vísperas del sábado hasta las del domingo.
Esta forma de celebrar el domingo duró
siglos, como atestiguan
Teodolfo (Capitula, 24) y Amalario (De officiis ecclesiae, IV, 7). Una variante
se encuentra en la Regla de san Benito (s. IX) que prescribe celebrar las
vísperas y cenar después, aún con La Luz del día. Esta indicación benedictina
fue adoptada por muchos miembros del clero diocesano.
En el siglo
IX aparece el uso de la expresión segundas
vísperas para referirse a la tarde del domingo, y tenían menor
importancia que las primeras
vísperas de la tarde del sábado.
Con el paso
del tiempo, la importancia de las vísperas del sábado fue decayendo y la del
domingo fue aumentando, aunque el Ceremonial de los obispos durante mucho
tiempo mantuvo esas primeras vísperas como más importantes. Los testimonios de
que el domingo comenzaba la tarde del sábado llegan hasta el siglo IX.
Se cree que
el Breviario de Pío V fue el
que sancionó lo que ya sucedía en la práctica, y es que las primeras vísperas
habían dejado de celebrarse, con lo que pasó a considerarse como festivo sólo
el domingo.
Así que sí, realmente el Concilio quiso rescatar
una antiquísima práctica de la Iglesia del primer milenio, para ayudar también
a comprender en profundidad el domingo desde la Noche de la Pascua.
Toscana
Oggi
Fuente:
Aleteia
