Un
buen colirio
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
nos tocaba al Noviciado día de cocina, pero nos quedaban unas tareas pendientes
por terminar, así que Joane se quedó al mando de la comida, mientras Lety y yo
nos íbamos a terminar unos trabajos.
Al
cabo de unas horas, cuando volvimos a la cocina, descubrimos que Joane nos
tenía la mesa preparada, la comida de todas las monjas lista, y todo a punto
para comer. Vamos, que llegamos... ¡a mesa puesta!
Al
ver aquello, por dentro me brotó un gran agradecimiento. Porque es una gozada
llegar después de una jornada de trabajo y encontrarlo todo listo, sobre todo
habiendo experimentado lo dura que es la cocina, y más cuando se cocina para un
número grande de personas. ¡Y encima la comida me supo buenísima!
Después,
en la oración de la tarde, le daba gracias al Señor por Joane, y por lo
sucedido en la cocina... y me di cuenta de cuántas veces habré vivido cosas
como esta o parecidas, pero no me salía el agradecimiento: sencillamente, no
veía más allá. Así que me volvía a surgir agradecimiento, porque el Señor me
había regalado ver un poquito más que ayer.
Y
es que la acción de gracias es el colirio que te va abriendo los ojos más y más
para descubrir el Amor del Señor en tu día a día: desde un gesto de cariño,
desde un plato de comida, o una palabra en la oración... Él siempre está
contigo, siempre se está manifestando en tu vida; sin embargo, muchas veces son
nuestros ojos los que no le saben ver.
Hoy
el reto del amor es utilizar el colirio del agradecimiento. Vivir desde el
agradecimiento es un regalo, los expertos dicen que hasta da salud. Este regalo
es para ti.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
