El recrudecimiento
actual de las medidas contra el movimiento por la independencia de Kachin pone
a la Iglesia en una posición difícil
Las Naciones
Unidas y el Gobierno de Myanmar han firmado un pacto con vistas a iniciar el
proceso de repatriación de algunos de los cientos de miles de musulmanes
rohinyás que huyeron de las brutales medidas militares del año pasado, informó National
Public Radio.
Aunque parece haber amainado
la persecución de la minoría musulmana, hay informes de que Myanmar, también
conocida como Birmania, trata con dureza a su población minoritaria cristiana.
Los
rebeldes de la región de Kachin en Myanmar, en su mayoría cristianos que viven
en la zona montañosa al norte del país, dicen que una de cada ocho personas de
su población ha sido desplazada, según informa Sky
News.
Alex
Crawford, corresponsal de Sky News,
afirmó haber encontrado “pruebas preocupantes de una segunda campaña genocida”
en Myanmar, y apunta a que las autoridades birmanas se habrían envalentonado
por la falta de una fuerte respuesta internacional a la primera campaña
genocida, contras los rohinyás.
Los
kachines, que viven en una zona fronteriza con China y la India, llevan
luchando por su autodeterminación desde que Birmania lograra la independencia
de la Commonwealth británica en 1948. “A lo largo de las décadas han formado un
ejército efectivo, conocido como Ejército para la Independencia de Kachin (KIA)
y un órgano administrativo denominado Organización para la Independencia de
Kachin (KIO)”, escribe Crawford.
Miles de personas han muerto
en bombardeos y ataques ejecutados por militares de Myanmar, unos ataques que
han incrementado sustancialmente desde enero después de que las mismas fuerzas
pasaran meses expulsando a los rohinyás del oeste del país.
Las fuerzas nacionales han
estado empleando helicópteros y artillería pesada para bombardear las
posiciones rebeldes kachines.
Miles de civiles han quedado
atrapados en la espesa jungla y huyeron varias veces para escapar de los
ataques.
Un
grupo de civiles con los que Crawford habló describieron ataques sobre o cerca
de civiles que se habían refugiado en campamentos para personas desplazadas,
que salpican toda la región.
“Por desgracia, la historia
no es nueva”, afirmó Daniel Mark, presidente de la Comisión de Estados Unidos
para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF), “aunque quizás el ejército
ha incrementado la intensidad”.
Cada
año desde 1999, el USCIRF ha recomendado que el departamento de Estado de
EE.UU. designe a Myanmar como “país especialmente preocupante”, por sus
violaciones de las libertades religiosas. “Las violaciones de la libertad
religiosa perpetradas tanto por actores estatales como no estatales en Birmania
han tenido un impacto profundo, duradero y negativo sobre las múltiples comunidades
religiosas”, manifestaba un informe de USCIRF de diciembre de 2016 sobre
Myanmar. “El poder perdurable y constitucionalmente arraigado de los militares
y la elevación del budismo como religión estatal de
facto son factores clave para comprender las violaciones de libertad
religiosa que afectan en la actualidad a las comunidades cristianas en
Birmania”.
El
informe afirmaba que el Ministerio de Cuestiones Religiosos
y Cultura, los ministerios gestionados por el ejército de
Cuestiones Fronterizas y de Interior, y el ejército mismo son responsables
directos de violaciones de la libertad religiosa:
El ejército ocupa
habitualmente iglesias y cita a congregaciones enteras para interrogatorios.
Tropas del Tatmadaw (ejército birmano) han profanado, dañado y destruido
iglesias. El ejército continúa perpetrando graves violaciones de los derechos
humanos con casi total impunidad, incluyendo agresiones sexuales en
instalaciones eclesiásticas y tortura a pastores, trabajadores de la iglesia y
civiles comunes. Hasta la fecha, aproximadamente 120.000 personas se han visto
forzadas a huir.
Más
de 60 iglesias cristianas han sido destruidas en el Estado birmano de Kachin
desde que el largo alto el fuero se rompiera en 2011, según el grupo activista
británico por la libertad religiosa Christian Solidarity Worldwide. El obispo
Francis Daw Tang de la diócesis de Myitkyina en el Estado de Kachin contó a la
agencia de noticias Fides que 7.000 cristianos pertenecientes a la minoría
étnica de Kachin se han visto obligados a abandonar sus hogares debido a la
escalada de violencia entre el ejército birmano y los rebeldes kachines.
“A principios de abril, el
ejército birmano empezó a atacar la región en la frontera con China”, contó el obispo Tang a
Fides a mediados de mayo. “Muchas aldeas fueron atacadas y la población empezó
a huir. Muchos han quedado atrapados en la jungla durante al menos tres
semanas, sin comida ni libertad de movimiento, porque son sospechosos de
colaborar con los rebeldes”.
En
una “Carta a la Población” publicada el 24 de mayo, líderes religiosos reunidos
en el foro “Religiones por la Paz”, dirigido por el cardenal Charles Maung Bo,
tomó nota de “la creciente hostilidad y el enorme desplazamiento de personas en
los Estados de Kachin y Shan, con un mayor debilitamiento del proceso de paz y
reconciliación”.
John Burger
Fuente:
Aleteia
