A través de un comunicado firmado por el cardenal Jean-Louis Cardinale
Tauran, el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso felicita a la
comunidad islámica de todo el mundo
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| Rezos durante el mes del Ramadán. (AFP or licensors) |
"Apreciamos la importancia del mes de Ramadán,
así como el gran esfuerzo de los musulmanes de todo el mundo expresado en el
ayuno, la oración y el compartir los dones del Omnipotente con
los más pobres", con estas palabras inicia el mensaje del Pontificio
Consejo para el Diálogo Interreligioso, felicitando a la comunidad
islámica, con motivo del inicio del noveno mes del calendario musulmán,
conocido internacionalmente por ser el período en el que practican el
ayuno diario desde el alba hasta la puesta del sol.
"Conscientes de los dones que brotan del Ramadán,
nos unimos a ustedes agradeciendo a Dios misericordioso por su benevolencia y
generosidad, compartiendo algunas reflexiones concernientes al aspecto vital de
las relaciones entre cristianos y musulmanes: la necesidad de pasar de la
competencia a la colaboración", continúa subrayando el escrito,
firmado por elcardenal Jean-Louis Cardinale Tauran, presidente de
este Dicasterio instituido para promover estudios adecuados y favorecer
relaciones amistosas con los seguidores de las religiones no cristianas.
Fomentar el
espíritu de colaboración
Asimismo, el mensaje hace referencia a que en el
pasado, las relaciones entre cristianos y musulmanes han
estado, en la mayoría de los casos, marcadas por un espíritu de competencia,
originando consecuencias negativas como celos, recriminaciones y tensión.
"En algunos casos, estos han llevado a enfrentamientos
violentos, especialmente cuando la religión ha sido explotada,
principalmente debido a intereses partidistas y motivos políticos".
Tales rivalidades interreligiosas han afectado
negativamente a la imagen de las religiones y sus seguidores, alimentando así,
"la idea de que no son fuentes de paz, sino, más bien, de la tensión y la
violencia".
Testigos
creíbles del amor del Todopoderoso
Para prevenir y superar estas consecuencias negativas,
el documento sugiere que es importante que cristianos y los musulmanes,
"sin dejar de reconocer nuestras diferencias, tengamos en cuenta los valores
religiosos y morales que compartimos", ya que mediante el
reconocimiento de lo que tenemos en común y del respeto a nuestras legítimas
diferencias, "podemos establecer más firmemente una base sólida para
construir las relaciones pacíficas, pasando de la competencia, a la lucha por
la cooperación eficaz para el bien común".
Esta es la ventaja, concluye el mensaje, especialmente
para los más necesitados "ya que permite a todos ser testigos creíbles del
amor del Todopoderoso por toda la humanidad".
Vatican News
