Por el otro lado
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Fui
a limpiar unas batas que tenían unas manchas tremendas de pintura. De un buen
lavado dependía que quedasen bien y las manchas no se incrustasen para siempre.
¿Agua caliente, agua fría? ¿Algún producto especial?
Justo
en ese instante me llamó una amiga y, como era lo que tenía en ese momento
entre manos, le compartí las dudas que tenía para limpiar las batas. Y fue ella
la que fue despejando todas las dudas, pero añadió un pequeño truco:
-No
des con el grifo sobre la mancha, pues la incrustarás más; deja que caiga agua
sobre el lado contrario, así se soltará más fácil de la prenda.
¡Es
verdad! Siempre tendemos a coger corriendo la ropa que se mancha y echar agua
sobre ella pensando que así saldrá. Y con las personas a veces nos pasa lo
mismo cuando nos comparten que han cometido un error o tomado una opción
equivocada en la vida. Dejamos caer sobre la mancha un chorro de juicios: “Ya lo
veía venir”, “Si te lo decía yo” ...
Cuando
alguien nos comparte algo, sobre todo un hijo o un joven, ya tiene un peso
sobre sí. Sin embargo, el dolor que nos produce el verle sufrir a veces nos
impide descubrir cómo está su corazón y qué necesita en ese momento.
¿Y
si probamos a echar agua por el otro lado? Con acogida, con amor, podemos
ayudar a que las manchas se vayan soltando. Jesús siempre se acercaba, sanaba y
después, una vez que la persona se había reconstruido, emitía el juicio moral
para mostrarles a dónde les habían llevado sus opciones: “Ahora no peques más”.
Nadie se sentía juzgado a Su lado; abrían su corazón sin miedo.
Hoy
el reto del amor es que eches agua por el otro lado a esa persona que tienes
cerca. Prueba con el Amor, pero con el Amor en mayúscula. Pídele al Señor ser
reflejo de su Misericordia y ten un gesto de cariño con él.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
