Luces y sombras
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
6:15
am. Oscuridad total en el convento. Recién duchada, salgo del baño. La puerta
da a un larguísimo pasillo, que gira al final. Junto al baño, a mano izquierda,
un enorme portón que lleva a los claustros. A la derecha, dos escaleras; una
sube al dormitorio, la otra baja a los sótanos. Y, pasando las escaleras, el
interruptor de la luz.
¿Qué
significa eso? Que, cada mañana, dejo la luz del baño encendida, avanzo cinco
pasos, doy la luz de la escalera, retrocedo a apagar la luz del baño y vuelvo
para subir al dormitorio. Todos los días. Un baile.
A
esas horas mi imaginación me juega malas pasadas. Yo intento razonarme que no
hay nadie, que no pasa nada por dar cinco pasos a oscuras...
El
otro día me sentí preparada. “Rambo a mi lado es Heidi”, me dije, y me lancé
hacia el pasillo... pero volví a dejar la luz del baño encendida. “Bueno, mejor
mañana...”
Y,
cuando llegaba a dar la luz de la escalera... un movimiento. Del pasillo, justo
enfrente de mí, emergió una sombra.
-¡Buenos
días! -me saludó amablemente la hermana.
Casi
tienen que despegarme del techo con una cucharita. Tal fue el bote que di.
Cuando
superé la taquicardia, pude razonar lo sucedido. Esta hermana había ido a poner
en marcha la lavadora. Al volver, la luz del baño le alumbraba el pasillo, por
lo que veía perfectamente. Pero yo, que salía de la luz a la oscuridad, ¡no la
vi hasta que la tuve encima!
¡Y
así es el Señor! Él es “la luz del mundo”. Lo curioso es que Él mismo nos
indicó: “sígueme”. Y, efectivamente, la hermana (que tenía la luz delante) veía
perfectamente... ¡mi problema fue que dejé la luz a mi espalda!
Muchas
veces nos gustaría avanzar más rápido, pero el Señor marca sus ritmos, ¡y no
hay cosa peor que adelantarle! Si dejas que Él vaya por delante, podrás ver, en
los demás, hermanos dignos de saludo y respeto. Pero, si te dejas a Cristo por
detrás, sólo encontrarás... ¡sombras y pesadillas!
Hoy
el reto del amor es dejar que Cristo vaya por delante. ¡Deja que su Luz ilumine
tu camino! Te invito a que hoy, ante una conversación (con un amigo, con tu
hijo...) te des unos minutos para orar. Pídele al Señor que ponga las palabras
adecuadas en tu boca, ¡y que te ilumine para ver hermanos, un regalo que Él te
ha puesto en el camino! ¡Feliz domingo sin monstruos ni pesadillas!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
