Un trocito de paraíso
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Hace
unos días, pasando de una sala a otra, vi un macetero lleno de unas florecitas
rosas muy pequeñas. La verdad es que me encantó, era como la llegada de la
primavera en esa sala, llenaba de luz y alegría toda la habitación.
Entonces
fue cuando me di cuenta de que para eso sirven los maceteros: para tener un
trocito de paraíso en cualquier estancia. No hay oficina donde falte una
planta, o en cualquier sala de espera de un médico, o en un restaurante...
siempre da un toque diferente, un toque de color.
Y
es que esto es lo que somos nosotros: maceteros del Señor. No somos Dios, pero
lo podemos contener; no vivimos ya en el Cielo, pero allá donde vamos podemos
llevar con nosotros un pedacito de él.
Somos
como estos tarros, que en un principio estamos vacíos, pero hemos nacido para
ser llenados de Vida.
Aunque,
siendo realistas, nos suele suceder que primero queremos intentar llenarnos de
semillas que pensamos que nos dan vida y felicidad: nuestros logros, nuestras
metas, ideales... pero, antes o después, nos topamos con nuestra propia
debilidad y todo lo anterior se nos viene abajo. Sin embargo, es ahí donde
volvemos a dejar espacio en nosotros para la semilla de su Amor.
Con
Él, ya no solo se llena nuestra vida, sino que nos convertimos en portadores de
su Amor.
Y,
como no todas las plantas son iguales, sino que unas generan alegría, otras son
medicinales, otras nos dan el alimento... así también cada uno de nosotros está
llamado a dar un fruto concreto para los demás.
Hoy
el reto del amor es ser un macetero del Señor. Deja que, allí donde vayas, la
luz de tus ojos, una sonrisa, un gesto de cariño o una palabra de aliento
lleven a los demás a descubrir ese “Algo” diferente que hay en ti.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
