¡Nunca más, Señor, nunca
más!, oraba el Papa Francisco en el Memorial de Yad Vashem, en Jerusalén, el 26
de mayo de 2014, durante su Peregrinación a Tierra Santa
“Aquí
estamos, Señor, con la vergüenza de lo que el hombre, creado a tu imagen y
semejanza, ha sido capaz de hacer. Acuérdate de nosotros en tu misericordia”,
lo escribe el Papa Francisco en un tweet en el Día Internacional de
Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.
El
terrorismo es una calle sin salida
El
tweet para este 27 de enero, se inspira en las palabras que pronunció el Santo
Padre durante su Peregrinación a Tierra Santa con ocasión del 50° Aniversario
del encuentro en Jerusalén entre el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras. En
aquella ocasión, el Pontífice visitó el Memorial de Yad Vashem, en Jerusalén,
el 26 de mayo de 2014.
“Quisiera,
con mucha humildad, decir que el terrorismo es malo – afirmaba el Papa
Francisco – es malo en su origen y es malo en sus resultados. Es malo porque
nace del odio. Es malo en sus resultados porque no construye, destruye. Que
nuestros pueblos comprendan que el camino del terrorismo no ayuda. El camino
del terrorismo es fundamentalmente criminal. Rezo por todas esas víctimas, y
por todas las víctimas del terrorismo en el mundo, por favor nunca más
terrorismo, es una calle sin salida”.
Oración
en el Memorial de Yad Vashem
En
este lugar, memorial de la Shoah, señalaba el Santo Padre, resuena esta
pregunta de Dios: “Adán, ¿dónde estás?”. Esta pregunta, precisaba, contiene
todo el dolor del Padre que ha perdido a su hijo. “El Padre conocía el riesgo
de la libertad; sabía que el hijo podría perderse… pero quizás ni siquiera el
Padre podía imaginar una caída como ésta, un abismo tan grande. Ese grito:
“¿Dónde estás?”, aquí, ante la tragedia inconmensurable del Holocausto, resuena
como una voz que se pierde en un abismo sin fondo…”
Hombre,
¿quién eres? Ya no te reconozco
¿Quién
eres, hombre? ¿En qué te has convertido? ¿Cómo has sido capaz de este horror?
¿Qué te ha hecho caer tan bajo?, se preguntaba el Papa Francisco en el Memorial
de Yad Vashem.
“No
ha sido el polvo de la tierra, del que estás hecho. El polvo de la tierra es
bueno, obra de mis manos – citaba el Pontífice – No ha sido el aliento de vida
que soplé en tu nariz. Ese soplo viene de mí; es muy bueno. No, este abismo no
puede ser sólo obra tuya, de tus manos, de tu corazón… ¿Quién te ha corrompido?
¿Quién te ha desfigurado? ¿Quién te ha contagiado la presunción de apropiarte
del bien y del mal? ¿Quién te ha convencido de que eres dios? No sólo has
torturado y asesinado a tus hermanos, sino que te los has ofrecido en
sacrificio a ti mismo, porque te has erigido en dios”.
¡Nunca más, Señor, nunca más!
Hoy volvemos a escuchar aquí la voz de
Dios, señalaba el Papa Francisco: “Adán, ¿dónde estás?”. De la tierra se
levanta un tímido gemido, respondía: “Ten piedad de nosotros, Señor”. “Señor,
escucha nuestra oración, escucha nuestra súplicas – invocaba el Papa – sálvanos
por tu misericordia. Sálvanos de esta monstruosidad. Señor omnipotente, un alma
afligida clama a ti. Escucha, Señor, ten piedad. Hemos pecado contra ti”.
Acuérdate
de nosotros en tu misericordia, suplicaba el Papa Francisco antes de concluir,
“danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces
de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y
destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú
vivificaste con tu aliento de vida”.
¡Nunca
más, Señor, nunca más!
Renato Martínez – Ciudad del Vaticano
Vatican News
