El
domingo concluyó el Año Jubilar en Caravaca de la Cruz dejando tras de sí un
reguero de peregrinos que encontraron en la pequeña reliquia de la Cruz de
Cristo la misericordia de Dios. Se cierra el Jubileo, pero continúan la
indulgencia y las peregrinaciones
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Ricardo Blázquez, con el Lignum Crucis,
durante la clausura del Año Jubilar
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Finalizaban así doce meses en los que Caravaca de la Cruz ha abierto de par en par sus puertas para acoger a los miles y miles de peregrinos que han llegado hasta esta ciudad del noroeste murciano para encontrarse con la Sagrada Reliquia del madero en el que murió Jesucristo.
A las
12:00 horas se iniciaba, en la basílica menor-santuario de la Vera Cruz, la
última Misa Jubilar de este año de gracia presidida por el cardenal Ricardo
Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal.
Abulense de nacimiento, recordó la vinculación que Caravaca tiene con santa
Teresa de Jesús; una vinculación que «hermana» a estas dos ciudades que durante
unos meses han compartido también la gracia del jubilar.
El
cardenal manifestó su gozo por poder participar en esta «fiesta de la fe y
veneración del Lignum Crucis» e insistió en que el Año Jubilar es una
«oportunidad para acogernos a la misericordia inagotable de Dios».
Al
inicio de la celebración, el obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes,
explicó que lo recaudado con la limosna jubilar –unos 100.000 euros– se
destinará la mitad al Óbolo de San Pedro, que se entregará al Papa en febrero,
y la otra mitad a Proyecto Hombre en la comarca del noroeste murciano.
Tras
impartir la bendición final con el Lignum Crucis, el arzobispo de Valladolid
clausuraba el tercer Año Jubilar de la Vera Cruz de Caravaca y se apagaba «la
luz jubilar», un símbolo que, ubicado sobre una de las torres del recinto
amurallado, ha permanecido encendido desde la apertura del Año Jubilar para
recordar que este alcázar custodia un tesoro.
El Año
Jubilar 2017 deja un recuerdo imborrable en quienes lo han vivido de cerca. El
rector de la basílica menor-santuario de la Vera Cruz, Emilio Sánchez, destaca
que los peregrinos han regresado a sus casas con la misma inquietud: la Cruz.
«¿Cómo algo tan pequeño puede hacer corazones tan grandes? La Cruz mueve
corazones. La cara de alegría, las sonrisas, las lágrimas de emoción, han sido
lo más bonito, y el Señor, verdaderamente, está ahí», agrega.
Peregrinos
llegados desde todos los puntos de la geografía española y de todos los
rincones del mundo. Incluso hay familias que han aprovechado la peregrinación
para transmitir alguna información importante, cuenta el rector de la basílica:
«Recuerdo a un matrimonio con tres hijos. La madre me comentó al llegar que
tenía que darle a su familia una mala noticia, acerca del resultado de unas
pruebas médicas y de un tratamiento que tenía que iniciar. Le invité a entrar
en la capilla de la Vera Cruz y allí, a los pies de la Sagrada Reliquia, les
dio la noticia… Fue un acontecimiento extraordinariamente hermoso a pesar de lo
difícil del momento. Allí estuvieron los cinco abrazados, llorando… La señora,
al salir de la capilla, me dijo que parecía que ahora la carga de su cruz le
pesaba menos». Una de tantas y tantas experiencias vividas este año, muchas de
ellas de conversión al encontrarse cara a cara con la misericordia de Dios.
Caravaca
finaliza su Año Jubilar, pero inicia ahora una nueva etapa. En 1998 el Papa san
Juan Pablo II otorgó al santuario de la Vera Cruz el privilegio de un Año
Jubilar a perpetuidad, en torno a la devoción a la Sagrada Reliquia. Un
privilegio que permite seguir lucrando las indulgencias plenarias si se
peregrina en grupo a la basílica menor-santuario cualquier día de cualquier
año.
María
de León Guerrero, Caravaca de la Cruz (Murcia)
Fuente: Alfa y Omega