Aceptar la imagen de cada día y
corregir lo que se pueda
El Pontífice cuenta lo
que aprendió de una actriz italiana a la que le pidieron que se quitara sus
arrugas para tener mayor éxito en el cine. “Se puede usar maquillaje, pero hay
un maquillaje que distorsiona la realidad”.
Una
pregunta insólita para el Papa que ayer cumplía 81 años y una respuesta digna
de reflexión profunda. ¿Qué concepto tiene de sí mismo el papa Francisco? El
Pontífice enseñó su método diario para no caer en la vanidad y en
el narcisismo. Advirtió sobre el peligro de evaluarnos a nosotros mismos
siguiendo la que llamó la “evaluación del espejo”. ¡Nos va a engañar, nos
va a engañar siempre!”.
“Mucha gente tiene una muy
buena imagen de usted. ¿Cuál es la imagen que usted tiene de sí mismo?”,
inquirió Michiko, estudiante de la Universidad de Tokio este lunes 18 de
diciembre 2017 durante una conexión en vivo por internet (live streaming) con
el Vaticano.
“Es una pregunta que tendría
que hacer una ‘cosmetologa’, no una estudiante de inglés que quiere estudiar
sociología. Pero me gusta”, respondió socarronamente el Papa a Michiko.
El espejo
“Con el problema de la imagen, siempre
hay como una confusión. Te digo con una palabra: ‘el
espejo’. Cuando nosotros nos peinamos, nos lavamos, nos miramos al espejo.
Tenemos una imagen. Pero cuando el espejo entra a formar parte de tu vida;
empiezas a dialogar con el espejo en una actitud casi o totalmente narcisista y llegas a una patología de auto-referencialidad. Creo
que tenemos que tener mucho cuidado cuando procuramos juzgarnos
a nosotros mismos o evaluarnos. Mucho cuidado de no caer en la
evaluación del espejo. ¡Nos va a engañar, nos va a engañar siempre!”.
Mirarse dentro
“Tú me preguntabas – continuó – ¿Cuál era
la imagen que yo tengo de mí mismo? Trato
de no mirarme al espejo porque es una cosa que hay que estar cuidándola
continuamente. Porque la vanidad te
puede agarrar por todos lados. Yo procuro una o dos veces al día mirarme
adentro. Las cosas que yo sentí durante el día; mirar a las cosas que pasaron
dentro de mí. Y ahí, la palabra parece fuerte, pero me vas a entender, de ahí,
juzgarme a mí mismo, ósea, qué opiniones merezco por esto que hice, por esta
decisión que tomé, por esa actitud que tuve. Ahí, volviendo a la imagen que
tuve durante ese día”.
Imagen que cambia
Asimismo, el Papa insistió sobre la
cuestión de qué pensaba de sí mismo desde una imagen más general. “Yo pienso…y
te lo voy a decir desde mi fe, pienso
que soy un pecador a quien Dios amó mucho y sigue amando. Pero mi imagen
plástica completa la voy encontrando día a día mirando como me comporto, las
decisiones que tomo, los errores que hago y es una imagen que va caminando,
como camina la vida”.
El Sucesor de Pedro advirtió
que “siempre existe la trampa de engañarse con la imagen o disimular la imagen.
Evidentemente que yo no estoy contra el maquillaje. Creo que las mujeres tienen
que maquillarse un poco porque está bien, ¿no?. Pero hay maquillajes que
deforman la realidad”.
La actriz de la que
aprendió…
Sucesivamente, el papa Bergoglio que ama
el ‘neorealismo italiano’ trajo el recuerdo de una actriz emblemática de esta
corriente cinematográfica nacida como forma de expresión bajo las cenizas de la
segunda guerra mundial.
“Recuerdo
a la actriz Anna Magnani (Roma, 7 marzo 1908 – Roma, 26 septiembre 1973). Una
vez ya mayor le dijeron que convenía que se quitara las arrugas de la cara para
poder tener más éxito en el cine. Y ella dijo: ‘¡No, no, no. Me costó muchos
años tener estas arrugas. Y no las voy a tocar’. Eran como un tesoro para
ella”, narró Francisco.
De esta manera, invitó a
aceptar metafóricamente los surcos que nacen en el rostro producto auténtico de
la vida. “Aceptar la imagen de cada día, de los éxitos, de los fracasos, la
imagen de la salud y de la enfermedad, la imagen de una vida corta y una vida
larga. Aceptar la imagen de cada día y corregir lo que se pueda. Pero nunca
ocultar la imagen o auto referenciarla con el espejo. La imagen que tengo
de mí es la de un pecador que Dios ama y amó mucho. Eso me hace muy feliz.
¡Gracias!”, concluyó.
El Examen Diario
El método contra la vanidad del Papa se llama
‘examen diario’, que
deriva de la palabra latina examinatio (examinación). Es
una meditación que practican los jesuitas. Hay muchas versiones del Examen,
pero normalmente tienen cinco pasos. A continuación una simple aproximación a este
método espiritual inspirado en San Ignacio de Loyola:
- Ponerse en presencia de Dios. Dar gracias por el
inmenso amor que Dios tiene por nosotros.
- Rezar por la gracia de entender de qué manera
Dios está actuando en nuestra vida.
- Revisar lo que ha pasado en su día. Recordar momentos específicos y los sentimientos en esos momentos.
- Reflexionar acerca de que hicimos, que se dijo o que pensamos en esas instancias. Algunos sugieren de evaluar esas acciones en términos de acercamiento y de alejamiento de Dios.
- Pensar en lo que viene y cómo podremos colaborar
más efectivamente con el plan de Dios. Posiblemente, ser específico, y
concluir con un “Padre Nuestro.”
Fuente:
Aleteia
