¿Qué tiritas te pones?
Hola, buenos
días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer me hice
una pequeña herida en el dedo. Fui al cajón donde están las tiritas para
cubrirla y no rozarme, pero lo primero que encontré fue una caja de tiritas en
las que había unas naranjas y otras azules, llenas de muñecos por todos los
lados.
-Seguro que
tiene que haber de las típicas, del color de la piel... -pensé, y seguí
buscando hasta encontrarlas.
Descarté las
otras porque no se camuflaban; porque, a pesar de ser divertidas, alegres...
atraerían la atención de todo el mundo hacia el dedo, y después todos
preguntarían “¿Qué te ha pasado?”
Llegué a la
oración y recordé a los niños: ¡les encantan las tiritas! Un solo rasguño es
motivo suficiente para pedirte que les pongas una y... ¡si es con dibujos
mejor! En lugar de avergonzarse por su caída, les hace sentir importantes:
están orgullosos de que les vean la tirita, les pregunten y poder contar que
han sido muy valientes y se han dejado curar... o, si no hay herida, es adorno
que lucen orgullosos.
¿Y cuándo
crecemos? ¡Buscamos tiritas de camuflaje! Igual pasa con las heridas que
tenemos por dentro. Si algo nos sale mal, si algo nos está haciendo sufrir, si
hemos caído o simplemente tenemos un mal día... ¡cogemos las tiritas de
camuflaje! Que no se note que estamos mal, que no se note que estamos tristes o
que tenemos un mal día. Con la tirita de sonrisa aparente o con la de aislarnos
de las personas que tanto nos quieren “para que no se note”, creemos
solucionarlo todo, pero, en realidad, la herida sigue ahí.
A veces nos
exigimos un grado de perfección tal que no nos permite mostrar nuestra
debilidad. Cristo te ama en tu debilidad, no nos pide vivir ilesos, cuenta con
las heridas de cada día, te ama con ellas. Sólo quiere levantarte y, para no
quedarte caído, es importante ser niño, mostrar esa magulladura que tienes
dentro, entregársela al Señor para que te la cure y, si no llega a
cicatrizar... ¡ponte una tirita de colores! Siéntete orgulloso e importante por
tener un Dios que se ha encarnado por cada una de tus heridas y de tener
hermanos que, al verte, te tenderán una mano.
Hoy el Reto del
Amor es que luzcas tus tiritas. No escondas tu debilidad, comparte con alguien
ese error que hoy cometerás, eso que te produce dolor o el día que tienes... Si
algo tenemos todos en común son las debilidades y pobrezas. Déjate querer en
ellas.
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
