En uno de los lugares más significativos del
cristianismo de Oriente se restauraron el edificio que custodia antiquísimos
manuscritos y la gran Transfiguración del siglo VI en el ábside de la Basílica.
Una respuesta simbólica a los yihadistas
En abril, los yihadistas del EI, activos
en el Sinaí, trataron de atacarlo. Ahora vuelve a ser una noticia, pero gracias
a su esplendor renovado.
Con una ceremonia oficial, ante la presencia del ministro para la Tutela del Patrimonio Arqueológico de Egipto, Khaled El-Enemy, el monasterio de Santa Catalina en el Sinaí celebró oficialmente la conclusión de la primera fase de la restauración del complejo, que en su forma actual sigue siendo el que mandó construir el emperador Justiniano en el siglo VI.
Con una ceremonia oficial, ante la presencia del ministro para la Tutela del Patrimonio Arqueológico de Egipto, Khaled El-Enemy, el monasterio de Santa Catalina en el Sinaí celebró oficialmente la conclusión de la primera fase de la restauración del complejo, que en su forma actual sigue siendo el que mandó construir el emperador Justiniano en el siglo VI.
Se
trata de una obra de conservación importante para uno de los lugares más
significativos para el cristianismo del Oriente, reconocido por la UNESCO como
patrimonio de la humanidad.
La restauración no tiene nada que ver con
el ataque terrorista de hace 8 meses, que solamente dañó un puesto de
vigilancia egipcio que se encuentra en el camino que conduce al monasterio. Sin
embargo esta obra asume el significado simbólico de una respuesta, en un país
en el que los grupos locales vinculados con el EI han atacado repetidamente a
los coptos. Un lugar como el monasterio de Santa Catalina, de hecho, revela
cuán fundamental es el cristianismo para la historia de Egipto. Y en este
sentido son particularmente elocuentes los dos tesoros sobre los que se
concentró esta primera fase de restauración: la biblioteca y el mosaico de la
Transfiguración.
La biblioteca de Santa Catalina es un
patrimonio único en el mundo: desde el siglo IV (antes de la construcción del
complejo actual) los monjes ortodoxos conservaban en este lugar textos
cristianos. No es casual, pues, que la colección de textos cristianos antiguos
de este monasterio, compuesta por 3 mil manuscritos y más de 5 mil incunables,
sea la segunda más importante después de la Biblioteca Vaticana. Proviene de
este sitio el famoso “Codex Sinaiticus”, una de las principales fuentes
de todas las traducciones de la Biblia, que ahora, después de varios viajes, se
encuentra expuesto en el British Museum de Londres.
La biblioteca es la prueba
del arraigo profundo del cristianismo en las tierra donde surge la montaña de
Moisés y que tanto fascinaba a Juan Pablo II, como reveló cuando visitó este
monasterio en 2000, durante su peregrinaje a Egipto. Este tesoro, como sea, es
extremadamente frágil debido al paso del tiempo y a la falta de sistemas
adecuados de conservación. De ahí la importancia de concluir el proyecto de
remodelación de la estructura (que comenzó en 2014).
Hay que añadir que al consolidar
físicamente el patrimonio cultural de Santa Catalina también se pensó consolidar
las obras que custodia, con un proyecto de digitalización que está dando
resultados extraordinarios. En particular, se está demostrando lleno de
sorpresas el escaneo espectográfico de 160 palimpsestos, pergaminos
antiquísimos cuyo contenido a veces era cancelado para volver a aprovechar el
espacio y escribir nuevas cosas. El análisis espectrogáfico (dentro de un
proyecto de la Early Manuscript Electronic Library) permite reconstruir las
partes canceladas, y ya han surgido textos en diez lenguas antiguas de los
palimpsestos de Santa Catalina, y la mayor parte de ellos deben ser
descifrados. Un patrimonio sin precedentes que la Universidad de California
pretende poner el línea para facilitar el trabajo de los
estudiosos.
También la otra restauración, la del
mosaico en la Iglesia, tiene un interés significativo: la Trasnfiguración del
monasterio del Sinaí es una obra del siglo VI, comparable por su valor
artístico a los mosaicos de San Vitale en Ravenna, que son un poco más
antiguos. Sorprende por su grandeza (46 metros cuadrados), pero también por su
significado teológico: en el lugar de la memoria de Moisés se insistía en la
representación de Cristo sobre el Tabor, como para indicar la profunda
continuidad entre las dos revelaciones. Un mensaje de unidad que el monasterio,
desde el Sinaí, después siguió testimoniando a lo largo de los siglos,
custodiando entre sus documentos el “Pacto de Santa Catalina”, documento de una
parte de la tradición musulmana atribuye a Mahoma, en el que se habla de la protección
que hay que garantizar a los cristianos, a sus iglesias y a sus
propiedades.
«Santa Catalina es un lugar de encuentro entre el
hebraísmo, el cristianismo y el islam –declaró durante la ceremonia para la
inauguración de la primera etapa de la restauración el ministro El-Enany. Es
expresión de lo que llamamos el genio de Egipto, con sus reflejos sobre la
armonía entre los elementos de su gran pueblo». Una armonía que los monjes, en
el corazón sacudido del Sinaí actual, quieren seguir anunciando con su preciosa
historia.
GIORGIO BERNARDELLI
MILÁN
Fuente: Vatican Insider:
