Migrantes
y refugiados, hombres y mujeres que buscan la paz. Mensaje para la celebración
de la 51 Jornada Mundial de la Paz 2018
“Migrantes y
refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz”, es el tema del Mensaje
del papa Francisco para la celebración de la 51 Jornada Mundial de la Paz del 1
de enero de 2018 y presentado este viernes en la Oficina de Prensa de la Santa
Sede.
“No olvidéis la
hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles”, dijo el
Papa al citar la Biblia (Hb 13, 2). Lo hace para recordar a
los 250 millones de migrantes y los 22,5 millones de refugiados que
“buscan un lugar donde vivir en paz”.
Desde el
principio, Francisco evocó el anuncio de paz de los ángeles a los pastores en
la noche de Navidad. Un pesebre vivo de ‘carne y hueso’ donde “hombres, mujeres
y niños” enfrentan “largos viajes y peligrosos”.
Ellos “soportan
cansancio y sufrimiento”, “muros alzados” y “alambradas”.
En su mensaje
se exhorta a los gobiernos a cultivar la “virtud de la prudencia” y mantenerse
en el “recto orden de los valores” para “acoger, promover, proteger e integrar”
a esa multitud que busca una prosperidad “material y espiritual”.
El Papa cita a
Juan Pablo II y Benedicto XVI, sus predecesores, para indicar que se trata de
una “emergencia antigua” con las “limpiezas étnicas” del siglo pasado
que se suman hoy a los “conflictos armados” y las nuevas formas de “violencia”.
En su mensaje
destacó los “desplazamientos” de personas movidas por la “desesperación”
desde lugares donde es “imposible construir un futuro”.
La mala semilla “política” de la xenofobia
A los países de
destino pide evitar la retórica de los “riesgos a la seguridad nacional” que
alzan la bandera del “miedo” hacia los migrantes y los refugiados y destacó que
por “fines políticos” se siembra la mala semilla de la “discriminación racial”
y la “xenofobia”.
El Obispo de
Roma invita, en su mensaje, a “contemplar” como una oportunidad “las
migraciones globales” que seguirán “marcando nuestro futuro” y sostiene con
datos de la comunidad internacional que dar la espalda al problema no resolverá
la cuestión.
De esta manera
el Papa va más allá y ofrece una “mirada contemplativa” para ver a los
migrantes y las comunidades locales como una “misma familia humana”. Una mirada
desde “la fe” para que todos puedan gozar del derecho de los “bienes de la
tierra”. Una mirada en la que las ciudades del mundo vean que ellos “no llegan
con las manos vacías”, sino que indicen en dinamizar y aportar a las sociedades
que los acogen.
Una oportunidad
A los
responsables del bien público, el Papa les invita a “discernir” sobre la
presencia de los refugiados y migrantes en sus ciudades. Es una “oportunidad”.
El Sucesor de
Pedro promueve la acción e incita a acoger a los migrantes y
los refugiados dándoles una “entrada legal” y les recuerda que expulsar a los
“desplazados” es condenarlos a que vuelvan a países donde les espera
seguramente la “persecución” y la “violencia”.
Proteger, es el segundo verbo usado por Bergoglio en su mensaje por la paz
2018, pensado en quienes “enfrentan un peligro real”. Promover el
“desarrollo humano integral” de los migrantes y refugiados e integrar a
estas personas en la “vida de la sociedad que los acoge”.
El Pontífice
además lanzó un llamamiento para que se realicen los próximos dos Pactos
Internacionales en el seno de las Naciones Unidas, pensados: uno para
“la migración segura, ordenada y regulada”, y el otro para los “refugiados”.
Así, confía en
que haya un pacto a nivel mundial que sirva de referencia para nuevas
propuestas políticas “prácticas” y “concretas”.
Papa Francisco
aboga por un “realismo” en la “política internacional” que no se deje derrotar
por el “cinismo” y la “globalización de la indiferencia” y por
ello sugiere que la cooperación internacional ayude a las
naciones menos ricas a “acoger, proteger, promover e integrar” a los
“migrantes y refugiados”.
En esta línea
general, informó que el Dicasterio de Desarrollo Humano Integral sugiere 20 puntos de acción concreta.
Por último, el
Papa habla de la “casa común”, como el “sueño” que también formulaba Juan Pablo
II “de un mundo en paz”, y si se valora la aportación de los migrantes y
los refugiados, “la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de
todos”.
Fuente: Aleteia