Pon amor en la cocina
Hola,
buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
En
la Comunidad hay muchos oficios. Cuando comienza la nueva Priora su trienio,
ora, y piensa, y medita qué oficio de responsabilidad le ofrecerá a cada
hermana. Esta tarea le lleva tiempo y energías para ver cómo lo hará mejor. ¡Es
importante!
Pero
hay un oficio en particular que hoy quería compartiros, un oficio que siempre
hay que hacer y no admite demora, que no se piensa a quién se dará porque
siempre son las mismas protagonistas las que han de realizarlo, que no está
rodeado de aplausos y elogios, sino de mucho sacrificio y silencio… Alguno ya
habrá adivinado que me refiero a “la cocinera”. En el convento varias hermanas
se encargan de este oficio, turnándose por días.
Cuando
veo a estas hermanas que se pasan, en un recinto pequeño, más de 5 horas
picando, pelando, guisando, limpiando... todo en soledad y moviéndose sin
parar, con el ánimo siempre esforzado y alegre de hacerlo todo lo mejor que
saben y pueden..., algo muy grande en mi corazón se me conmueve de gratitud, de
admiración y de una acción de gracias a Dios, que no puede venir sólo de mi
corazoncito pequeño y humano, sino de un recibir su gracia que me comparte, para
que entienda.
El
Señor, detrás de todo este trabajo tan sacrificado, me está hablando del amor
que hay y que Él ha puesto en aderezar y “condimentar” a cada persona cuando la
creó: A ésta le faltaba algo de sal y le añadía un poco de gracia; aquella otra
necesitaba más amor para salir de sus manos, a su gusto; ésta requería tiempo y
detalles que uno a uno había que poner para que su hijo fuera más perfecto…; y
así hizo con cada uno que salía de sus manos, trabajándolo con tanto cuidado…
Pero
volvamos a la humilde “cocinera”. Lo primero, tan humilde como Dios, que se
abajó hasta hacerse uno de nosotros; y tan silenciosa como Él, que hizo todos
los seres y nadie se enteró de ello, sólo Dios…
La
cocinera emplea también muchas horas en hacer la comida y Dios lo hizo todo sin
tiempo, en el tiempo de Dios. Y, por fin, ella usó muchas horas en su trabajo y
todo fue consumido por sus hermanas en unos minutos. Dios utilizó todo su amor
en su obra y, a veces, en segundos, se lo estropeamos todo…
¿No
es la cocinera una imagen, en pequeño, del Señor?
Hoy
domingo, el reto del amor es que cocines algo para tu familia o para los que
quieres. Hazlo con cariño y esmero, todo condimentado con el amor que Cristo
pone en tu corazón.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma