Terrible profecía
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
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Hay una monjita que va a tener un cólico de riñón.
La
nefasta profecía la dijo la hermana refectolera (la que se encarga de poner la mesa)
mirándome fijamente a los ojos. No hacía falta ser muy inteligente para saber
que "la monjita" a la que se refería era yo, y la predicción señalaba
a mis riñones.
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¿Y por qué va a darme un cólico? -pregunté asombrada.
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Porque no bebes nada de agua. En toda la semana no tengo que rellenar nunca tu
jarra.
Su
tono era de auténtica preocupación, pero la carcajada me surgió espontánea...
Las
jarras de agua están repartidas por las mesas para que cada una se vaya
sirviendo cuando necesite. Pero, precisamente e n mi sitio, resulta que tengo
una jarra a mi derecha... y otra a mi izquierda. ¡Y yo me sirvo el agua con la
mano izquierda!
La
refectolera también se echó a reír aliviada, reconociendo que, efectivamente,
la jarra de la izquierda tiene que rellenarla de agua todos los días...
Aclarado
el malentendido, en la oración daba gracias al Señor por esta hermana. No puedo
dejar de asombrarme por su mirada atenta, por el detalle, tan lleno de cariño,
de preocuparse por mí. ¡Ahora sonrío cada vez que bebo un vaso de agua!
Así
es también el amor de Jesús: atento y detallista. Cristo no quería despedir a
la gente sin antes darles de comer, pensando en que podrían desfallecer por el
camino... y para ellos multiplicó los panes y los peces. Después de la
Resurrección, no sólo arregló una desastrosa noche de trabajo con la pesca
milagrosa, sino que, además, en la orilla había preparado el desayuno para
aquellos afanosos pescadores... que unos días antes le habían traicionado. ¡Su
amor es infinito y dura siempre! Cada día sigue desbordándose en mil detalles
para ti.
Hoy
el reto del amor es estar atento. En primer lugar, ¡ten los ojos abiertos para
Cristo! Hoy descubre uno de los regalos que te ha preparado hoy y dale las
gracias porque siempre está pendiente de ti. Y, en segundo lugar, ¡estate
atento a los demás! Deja que Cristo te muestre quién necesita tu ayuda a lo
largo del día. Con un gesto pequeño, demostrarás que estás atento a esa
persona, que él o ella te importa de verdad. ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
