«Es
erróneo atribuir a causas religiosas» el terrorismo islamista. Esta es una de
las tesis que defiende la británica Karen Armstrong, flamante Premio Princesa
de Asturias de las Ciencias Sociales
Su
investigación sobre la religión de Mahoma se intensificó tras los atentados del
11S. «Bin Laden fue siempre muy claro sobre los agravios políticos que le
motivaban: Palestina, la injerencia occidental en Oriente Próximo, su oposición
al régimen saudí»…, afirma.
Un
grupo de psiquiatras entrevistó a unas 500 personas involucradas en la trama
del 11S en la prisión de Guantánamo «y se encontraron con que solo el 20 % de
los detenidos había tenido una formación musulmana consistente. El resto eran
nuevos conversos o incluso autodidactas.
Jóvenes
que habían dejado el Reino Unido para luchar en otros países poco antes habían
pedido en Amazon un libro titulado Islam para idiotas [Islam for
dummies], lo que da una idea de hasta dónde llegaba su compromiso religioso».
Más
argumentos: la empresa demoscópica Gallup «realizó una gran encuesta después de
los atentados en 35 países musulmanes, el mayor sondeo que Gallup ha hecho
jamás. El 95 % de los encuestados condenó los ataques citando el Corán, que
dice que matar a una sola persona equivale a matar a toda la humanidad. Por el
contrario, los que sí apoyaban los atentados aportaron motivaciones de tipo
político».
«Alá
no tiene nada que ver», apostilla. «Necesitamos conocer estas cosas para tener
una visión equilibrada de lo que está ocurriendo. Pero este tipo de noticias no
se difunden en la prensa occidental».
¿Qué pasa con todo lo
que ha venido después del 11S? El auge del Daesh, la radicalización de jóvenes
musulmanes en Europa…, ¿tampoco tienen que ver con la religión?
El
islam insiste mucho en que la guerra solo puede ser de autodefensa. El Daesh es
un ejemplo de religiosidad pervertida. La mayoría de sus líderes son antiguos
generales del Ejército desmantelado de Sadam Hussein; es decir, son
secularistas y socialistas. Un francés, que fue rehén del Estados Islámico durante
diez meses, contó que sus captores nunca hablaban de religión. Cuando los
rehenes pidieron una copia del Corán, resultó que nadie tenía una.
Algo
similar ha contado un periodista de la revista Foreign Policy que
mantuvo largas conversaciones durante tres días con miembros del Daesh en Amán
(Jordania). Describe un discurso completamente político. Sus interlocutores ni
siquiera atendían a las llamadas a la oración musulmana. La mayoría de miembros
del Daesh, como reconoció recientemente un portavoz de la organización a la
BBC, no se sienten tan atraídos a ideas religiosas, como a una visión política
alternativa a los estados autocráticos en Oriente Próximo, muchos de los cuales
están siendo agresivamente sostenidos por Occidente.
¿Qué explica el
comportamiento de un joven que de golpe se radicaliza?
Creo
que hay un problema de ausencia de sentido. Los psiquiatras de Guantánamo
concluyeron que la principal motivación de los terroristas fue la futilidad y
la ausencia de sentido en sus vidas. Es algo que se comprueba especialmente en
los atentados de lobos solitarios en Occidente, provocados por la sensación de
no ser aceptados por la sociedad. Y hay otro factor que no estamos afrontando
suficientemente: el Estado ha perdido el monopolio de la violencia.
Hace
400 años, mis antepasados irlandeses eran maltratados por los británicos, y si
hubieran tenido armas para luchar, lo hubieran hecho. Pero no las tenían. La
gente que se siente oprimida puede cometer hoy atrocidades gracias a la
facilidad de comunicaciones y a la disponibilidad de armas. El terrorista del
atentado de hace unos días en Mánchester fue capaz de fabricar una bomba con
instrucciones obtenidas en internet.
Ricardo Benjumea
Karen
Armstrong se confiesa hoy «entusiasmada» con el Papa Francisco, «uno de los
pocos líderes que en estos momentos entiende realmente lo que está pasando en
el mundo». Niega, sin embargo, que Bergoglio le haya reconciliado con la fe, ya
que ella en ningún momento dejó de ser «una católica de corazón». «Yo nunca
podría ser protestante», apostilla. «Incluso del convento conservo muy buenas
memorias, particularmente de la liturgia, del latín, el gregoriano…».
Fuente:
Alfa y Omega
