La Acción
Católica es un itinerario para toda la vida. En nuestra sociedad, muchas veces,
se margina tanto a los pequeños como a los mayores
Antonio
Muñoz Varo (Málaga, 1977) es, desde hace dos años, presidente nacional de
Acción Católica General. A finales de abril participó en Roma en las
celebraciones del II Congreso Internacional de la Acción Católica y del 150º
aniversario de la Acción Católica italiana, a las que se unió el Papa.
Presidieron
la delegación española el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro; los
obispos monseñor Javier Salinas y monseñor Carlos Escribano, responsables
respectivamente de Apostolado Seglar y de la Acción Católica, y Antonio
Cartagena, director de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar.
El discurso que les
dirigió el Papa ha tenido mucho eco eclesial. ¿Por qué?
Lo
que ha hecho es volver a incidir en la identidad de Acción Católica, que no es
un movimiento más dentro de la Iglesia, sino un instrumento propio de ella para
ayudar a la maduración y al envío del laicado de nuestras parroquias y de
nuestras diócesis. La frase clave es cuando dice que realmente «el carisma de
la Acción Católica es el carisma de la Iglesia que se encarna entrañablemente
en el hoy y en el aquí de cada Iglesia diocesana».
Cuando
dice «entrañablemente» no lo hace de manera cariñosa sino incidiendo en que
forma parte del esqueleto de una Iglesia diocesana. Se trata de los laicos que
se sienten parroquia y diócesis y trabajan juntos por llevar a cabo los planes
pastorales diocesanos. Y esto, no para mantener las estructuras, sino para
llevar el Evangelio allí donde la Iglesia está encarnada: los barrios, los
pueblos…
O sea, que no puede
haber parroquia sin Acción Católica.
Yo
siempre pongo el siguiente ejemplo: lo que es Cáritas para la acción
sociocaritativa de la Iglesia, lo es la Acción Católica para el laicado. Es
decir, ¿puede haber otras realidades que trabajen por los pobres? Sí, hay otras
realidades que trabajan eso, pero todo el mundo entiende que Cáritas es el
instrumento propio de la Iglesia. Pues para el tema de la formación, del envío
y de la encarnación del laicado, la Iglesia cuenta con la Acción Católica.
No
se trata de anteponer las siglas, sino de generar espacios parroquiales donde
se dé sentido a la vida desde la fe, espacios que se puedan visibilizar de
manera normal en nuestras parroquias y desde los que los laicos puedan hacer
cosas juntos.
Algunos creen que se
puede vivir la fe de forma individual…
La
fe hay que vivirla en comunidad. Necesitamos de los hermanos para ahondar en la
experiencia de la fe y poder transmitirla. Es indispensable para nuestra
concepción de la fe, y la prueba está en que cuando uno encuentra un grupo
donde vivirla, ya no lo quiere dejar. Lo que tenemos que hacer es invitar
continuamente a la participación y propiciarlo.
El Papa les ha invitado
a cuidar, especialmente, a los jóvenes y las personas mayores
La
Acción Católica es un itinerario para toda la vida. En nuestra sociedad, muchas
veces, se margina tanto a los pequeños como a los mayores. Dentro de la Iglesia
tenemos que ser capaces de reforzar las bondades que nos pueden ofrecer las
personas en esas etapas de la vida y buscar cauces de encuentro entre
generaciones. Que los mayores nos aporten su experiencia y los niños su
apertura a la trascendencia, sus ganas de transformar la realidad, que nos
enriquezcamos mutuamente.
¿Cuál es el proyecto de
futuro de la Acción Católica tras el Congreso Internacional?
El
Papa dijo que «la Acción Católica no puede estar lejos del pueblo, sino que
sale del pueblo y tiene que estar en medio del pueblo. Tienen que popularizar
más la Acción Católica». Ese es ahora nuestro trabajo.
¿Cómo se va a concretar
este llamamiento en las parroquias?
Se
trata de ofrecer grupos parroquiales donde el objetivo no sea tanto desarrollar
una función, sino formarse en todas las dimensiones de la fe. Muchas veces, lo
que encontramos en las parroquias es el equipo de catequistas, el de liturgia,
el de Cáritas… Lo que pretende la Acción Católica es que antes de involucrarnos
en cualquiera de estos equipos, el que quiera, pueda encontrar un grupo donde
revisar su vida a la luz de la fe y que sea desde ahí desde donde se genere su
experiencia vocacional.
Se
trata de descubrir que el Señor te va llamando a acciones y compromisos
concretos, ya sean tareas de la parroquia o en la esfera social, pero siempre
partiendo desde la experiencia de fe que se fortalece en esos grupos parroquiales
de vida cristiana. No queremos que estos grupos generen duplicidad, no es por
ejemplo el grupo de niños de la parroquia y el grupo de niños de Acción
Católica; sino que son los niños de la parroquia los que van recorriendo su
vida de fe como va marcando la propia diócesis, con su obispo al frente, pero
fomentando la continuidad.
Que
después de la iniciación cristiana el grupo permanezca, de manera que haya
siempre referentes, jóvenes para niños, adultos para jóvenes… Y que la familia
pueda encajarse en ese proceso de fe. Que los padres puedan vivir el proceso
junto a sus hijos, cada uno en su nivel.
Antonio
Moreno
Málaga
Fuente: Alfa y Omega
