Cuando
todo se nos vuelve verde...
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Estábamos
en la huerta, a punto de ponernos a trabajar, cuando Lety se puso a distribuir
tareas:
-Israel,
arregla los surcos. Sión y Joane, entrad en el invernadero y sacad de las mesas
de cultivo los pimientos y las berenjenas.
Fácil,
¿verdad?... Entramos en el invernadero y sólo se veía verde. Hojas de distintos
tamaños, pero todo ¡verde! Ahí no había ni pimientos, ni berenjenas... sólo
plantas diferentes de las que sabía identificar las lechugas y poco más. ¿Qué
teníamos que sacar exactamente?
Sión
se acercó a Lety y le preguntó:
-Lety, ¿puedes concretar un poco por dónde empezamos?
Me
gustó la pregunta, pues fue sutil, pero obtuvo respuesta inmediata: fuimos
conducidas a la mesa que correspondía y pudimos empezar a cumplir el encargo
sacando los pimientos y las berenjenas. Toda mi vida viendo huertas... pero
nunca me había parado a conocerlas, a descubrirlas.
En
muchos momentos nos encontramos rodeados de multitud de simples plantas verdes:
los clientes que vienen a la tienda, los alumnos, los empleados, los
dependientes, el chófer del autobús, los compañeros... plantas verdes de las
que poco o nada sabemos. Y si nos dijesen "tráeme a los pepinos, a los
tomates, a los zanahorios"... nos quedaríamos con cara de póker:
"¡Pero si son todos iguales! Yo que sé qué fruto, verdura u hortaliza
pueden llegar a dar!
A
lo largo del día, el Señor te pone personas delante, y no por casualidad. Te
pone personas con nombre, personas con dones, con frutos que podrás descubrir
si te acercas a ellos, los transplantas al aire libre y les das la oportunidad
de mostrarte todo aquello que el Señor les ha regalado para que tú te puedas
alimentar.
Pero,
para que veas esos frutos, esa verdura tan cargada de vitaminas y propiedades
para tu vida, tienes que acercarte, acogerlos en tu tierra y regar tu relación
con ellos.
El
Señor llama a cada uno por su nombre, se acerca a la mesa del cobrador de impuestos,
a las redes del pescador, a la casa de sus amigos... y les muestra todo lo que
ha soñado para cada uno, los frutos que pueden llegar a dar. Cristo no nos ve
verdes, nos ama personalmente, sabe cómo te ha creado, por qué y para qué.
Hoy
el reto del Amor es que dejes de ver verde a tu alrededor y preguntes el nombre
a las personas con las que te encuentres en tu vida cotidiana. Si ya lo sabes,
da un paso más: interésate por su trabajo, por la tarea que están realizando,
por ellos o sus familias. Descubre que el Señor tiene pensado un fruto para
cada uno, sólo hay que dejar de ver en verde. Y es que, cuando todo se nos
vuelve verde... no hay quien encuentre nada, no hay corazón que vea. Párate a
conocer, a descubrir la huerta.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
