Poco a poco las luces de
navidad comienzan a llenar las calles, las decoraciones navideñas se pueden ver
en puertas y ventanas y, por supuesto, las ofertas navideñas ya salieron hace
varios días. En efecto, es diciembre. Llegó otra vez esa época del
año en que nos afanamos en organizar la comida, las celebraciones de navidad
con los amigos o en el trabajo y en conseguir el mejor regalo para amigos y
familiares.
El video publicitario de
Heathrow Airport que veremos hoy, nos muestra de forma muy tierna y sencilla
que en realidad el mejor regalo que podemos ofrecer es darnos
a nosotros mismos. En el video vemos a dos abuelitos (los ositos de peluche)
que llegan de visita por Navidad, y es su sola presencia el mejor regalo para
sus nietos. Claro, este concepto no nos es extraño, ya todos lo hemos escuchado
y probablemente estemos de acuerdo con él, pero, ¿por qué es tan difícil
vivirlo? ¿Será que es más fácil dejarnos envolver en la corriente consumista
que dar un poco de nosotros mismos?
Personalmente diría que
muchos de nosotros hemos perdido la brújula. Ya no sabemos de qué se trata todo
esto de la Navidad. Lo grave es que, aun sabiendo (pero tal vez no entendiendo
su significado), decidimos simplemente ignorarlo porque nos resulta más fácil
conseguir un regalo bonito que nos haga quedar bien, que invertir nuestra vida
sirviendo a los demás todos los días. Nuestro Papa emérito Benedicto XVI lo
explica así:
«En esa noche santa de
Dios, haciéndose carne, quiso hacerse don para los hombres, se entregó por
nosotros, asumió nuestra humanidad para donarnos su divinidad. Este es el gran
don. Incluso en nuestro dar no es importante que un regalo sea caro o no; quien
no es capaz de donar un poco de sí mismo, da siempre muy poco; a veces
incluso se intenta reemplazar el corazón y el compromiso de donación de uno
mismo con el dinero, con cosas materiales. El misterio de la Encarnación
significa que Dios no lo ha hecho así: no ha dado cualquier cosa, sino que se
entregó a sí mismo en su Hijo Unigénito. Aquí encontramos el modelo para
nuestro dar, para que nuestras relaciones, sobre todo las más importantes, sean
impulsadas con la generosidad y el amor».
Creo que este concepto de darse es más fácil de entender si asimilamos primero que en Navidad se celebra lo inaudito: que todo un Dios se ha encarnado, se ha hecho hombre con el fin de redimirnos y ser nuestro modelo de santidad: «Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí » (Mt 11, 29). «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6).
El Catecismo de la Iglesia
Católica en el numeral 519 comenta: «Cristo no vivió su vida para sí mismo, sino
para nosotros, desde su Encarnación “por nosotros los hombres y por nuestra
salvación” hasta su muerte “por nuestros pecados” (1 Co15, 3) y en su
Resurrección “para nuestra justificación” (Rm 4,25). Todavía ahora, es “nuestro
abogado cerca del Padre” (1 Jn 2, 1), “estando siempre vivo para interceder en
nuestro favor” (Hb 7, 25)».
Para terminar, los insto a
que nos detengamos por un momento y pensemos que un Rey se nos ha sido
dado. Es Él mismo que se donó por completo a nosotros y de esa forma nos
salvó y dejó el camino abierto para aquellos que quisieran seguirlo. Nos dejó
su ejemplo, su amor y su forma de amar. Aprovechemos pues este Adviento para
regresar a los sacramentos y pidamos la gracia de celebrar una Navidad bien
vivida, amando como Él y dándonos como Él.
Por: Solange Paredes
