Un guía seguro hacia la unión con Dios
San Francisco de Asís no escribió ningún tratado sobre la oración. Tampoco se preocupó
demasiado en enseñar a sus hermanos un método de oración. Pero esto no le impidió ser un guía seguro, al tiempo que un
ejemplo viviente, en el camino de la unión con Dios.
Lo esencial de su enseñanza,
así como de su experiencia personal sobre la oración, se halla contenido en la
siguiente frase de la Regla bulada:
La vida de oración, según
Francisco, es ante todo ese gran anhelo, esa búsqueda incesante del Espíritu
del Señor y de su acción en nosotros. Somos incapaces, por nosotros mismos, de
nombrar dignamente a Dios. No sabemos orar como es debido. ¿No consiste la
oración, para el cristiano, en unirse a Jesús en su relación con el Padre? Orar
es aprender a decir «Abba». Y eso sólo es posible gracias al Espíritu. El Espíritu del Señor es el gran iniciador en la vida de
oración.
Por eso debemos anhelarlo por encima de todo y dejarle
actuar en nosotros, se preocupó mucho por la
Santidad de los demás y de todos los hermanos, realizaba muchos Sacrificios y
ayunos. Sus escritos estan llenos de una santa humildad y obediencia a la
Iglesia. Un Laico comprometido que Amó al Señor más allá de sus propios
límites.
A continuación Frases de San Francisco de Asís que van directo al
corazón:
1 “Si tú, siervo de Dios,
estás preocupado por algo, inmediatamente debes recurrir a la oración y
permanecer ante el Señor hasta que te devuelva la alegría de su Salvación”
2 “La verdadera enseñanza que
trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en
práctica lo que decimos.”
3 “Comienza haciendo lo que
es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo
imposible.”
4 “Recuerda que cuando
abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido,
sólo lo que has dado.”
5 “El hombre debería temblar,
el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente
cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote”.
6 “Espíritus malignos y
falsos, hagan en mi todo lo que quieran. Yo sé bien que no pueden hacer más de
lo que les permita la mano del Señor. Por mi parte, estoy dispuesto a sufrir
con mucho gusto todo lo que él les deje hacer en mí.”
7 “Es siervo fiel y prudente
el que, por cada culpa que comete, se apresura a expiarlas: interiormente, por
la contrición y exteriormente por la confesión y la satisfacción de obra”
8 “El demonio se alegra,
sobre todo, cuando logra arrebatar la alegría del corazón del servidor de Dios.
Llena de polvo las rendijas más pequeñas de la conciencia que puedan ensuciar
el candor del espíritu y la pureza de la vida. Pero cuando la alegría
espiritual llena los corazones, la serpiente derrama en vano su veneno mortal.”
9 “Cuando el servidor de Dios
es visitado por el Señor en la oración con alguna nueva consolación, antes de
terminarla debe levantar los ojos al cielo y, (juntas las manos), decir al
Señor: “Señor, a mi, pecador e indigno, me has enviado del cielo esta
consolación y dulzura; te las devuelvo a ti para que me las reserves, pues yo
soy un ladrón de tu tesoro.” Y también: “Señor, arrebátame tu bien en este
siglo y resérvamelo para el futuro.” Así debe ser, de modo que, cuando salga de
la oración, se presente a los demás tan pobrecito y pecador como si no hubiera
obtenida ninguna gracia nueva. Por una pequeña recompensa se pierde algo que es
inestimable y se provoca fácilmente al Dador a no dar más.”
10 “Luchemos por alcanzar la
serenidad de aceptar las cosas inevitables, el valor de cambias las cosas que
podamos y la sabiduría para poder distinguir unas de otras.”
11 “Predica el evangelio en
todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras.”
12 “Señor, hazme un
instrumento de tu paz. Donde haya odio siembre yo amor; donde haya ofensa,
perdón; donde hay duda, fe; donde hay desesperación, esperanza; donde haya
tinieblas, luz; donde haya tristeza, alegría.”
13 “¡Terrible es la muerte!,
pero ¡cuán apetecible es también la vida del otro mundo, a la que Dios nos
llama!”
14 “No peleen entre sí y con
los demás, sino traten de responder humildemente diciendo, “Soy un siervo inútil.”
15 “En la santa caridad que
es Dios, ruego a todos los hermanos, tanto a los ministros como a los otros,
que, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud, como
mejor puedan, sirvan, amen, honren y adoren al Señor Dios, y háganlo con limpio
corazón y mente pura, que es lo que Él busca por encima de todo; y hagamos
siempre en ellos habitación y morada a Aquel que es el Señor Dios omnipotente,
Padre, e Hijo, y Espíritu Santo”
Qriswell
J. Quero,
Fuente: PildorasdeFe.net