La Iglesia se prepara a iniciar el tiempo de Adviento este domingo 27 de noviembre y como es tradición
los fieles se reunirán para rezar y encender la primera vela
1.- Noción:
Se trata de una corona de ramas verdes, en la que se fijan cuatro velas
vistosas, generalmente violáceas. Suele colocarse sobre una mesita, o sobre un
tronco de árbol, o colgada del techo con una cinta elegante.
En principio, no
se pone encima del altar, sino junto al ambón o en otro lugar adecuado como,
por ejemplo, junto a una imagen o icono de la Virgen Madre, siempre Santa María
del Adviento. La corona de Navidad es así el primer anuncio de la Navidad.
Es una costumbre originaria de los países germánicos
y extendida a América del Norte, ya convertida en un símbolo del Adviento en
los hogares cristianos y de las parroquias y comunidades.
Durante
el frío y la oscuridad del final del otoño los pueblos germánicos precristianos
recolectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza
en la venida del sol naciente y de la primavera.
Ejemplo,
pues, de cristianización de la cultura donde lo viejo toma ahora un nuevo y
pleno sentido, la Corona de Adviento encuentra un espléndido referente en
Jesucristo, la luz del mundo, el vencedor de la oscuridad y de las tinieblas.
3.- Los contenidos de la Corona de Adviento:
Una corona circular, ramas o follaje verde, cuatro
velas y algún adorno sobre ellas como manzanas rojas y el listón rojo.
4.- La Corona circular:
El círculo hace presente la figura perfecta que no
tiene principio ni fin, evocando la unidad y eternidad del Señor Jesucristo que
es el mismo ayer, hoy y siempre (cfr. Heb 13, 8). Es señal del amor de Dios que
es eterno, sin principio ni fin. Es asimismo interpelación para que también
nuestro amor a Dios y amor al prójimo tampoco finalice nunca.
5.- El follaje verde perenne:
Las ramas verdes pueden ser de ramas de pino, abeto,
hiedra…. Representan a Cristo eternamente vivo y presente entre nosotros.
6.-Los adornos:
Son unas manzanas rojas y un listón rojo. Las manzanas representan los frutos
del jardín del Edén con Adán y Eva. Hablan, pues, del pecado de la expulsión
del paraíso y el anhelo permanente del hombre de regresar a él. Por eso el
listón rojo significa el amor de Dios que nos envuelve y nuestra respuesta
también de amor a ese amor de Dios.
7.- Las cuatro velas:
Representan los cuatro domingos que jalonan este
tiempo de vigilante espera. Nos hacen pensar en la oscuridad provocada por el
pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Y así con cada vela que
encendemos, la humanidad se iluminó y sigue iluminando con la llegada de
Jesucristo a nuestro mundo.
8.- El encendido de las velas:
Como expresión de alegre expectación, cada semana, se
realiza el rito de encender las velas correspondientes: el primer domingo de
Adviento, una, el segundo, dos, el tercero, tres, el cuarto y último, las
cuatro.
El
progresivo encendido de estos cirios nos hace tomar conciencia del paso del
tiempo en el que esperamos la última y definitiva venida del Señor. Este
itinerario, acompañado de alguna oración o canto, nos marcará los pasos que nos
acercan hasta la fiesta de Navidad, y nos ayudará a tener más presente el
tiempo en que nos encontramos.
9.- El rito del encendido de las velas:
El rito encendido de la corona se puede realizar en
todas las misas dominicales de la parroquia, incluyendo la vespertina del
sábado. En las comunidades religiosas, en cambio, será mejor hacerlo en la
celebración que inaugure cada semana: las primeras Vísperas.
La
Corona que se ha instalado en la iglesia parroquial, se puede bendecir al
comienzo de la Misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar
del acto penitencial.
10.- La metáfora, el significado global de la Corona
de Adviento:
Este sencillo lucernario es a la vez
memoria, símbolo y profecía:
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Es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de
Cristo.
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Es símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta
el amanecer del Sol de justicia.
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Es profecía de Cristo, luz del mundo que volverá para iluminar definitivamente
al mundo y a quien esperamos con las lámparas encendidas.
Fuente: Revista ECCLESIA
