Una figura que para
muchos es una muy conveniente excusa para ocultar la propia negligencia
La demonología
medieval (como posteriormente también la del Renacimiento) es minuciosa,
ordenada, específica, aunque a veces parezca confundirse –según algunos
medievalistas- con historias del folklore local de la región que corresponda.
Quizá haya sido
este último el caso de Titivillus, un demonio al que se le atribuía, cuando no
la autoría, al menos la labor de recopilar los errores en los trabajos de los
copistas y escribas medievales para luego usarlos en su contra, acusándolos de
negligencia en su trabajo.
En el monasterio de la Huelgas, en Burgos, la imagen
de la Virgen de la Misericordia protege bajo su manto a un grupo de monjas
cistercienses (y a sus benefactores). Fuera del manto se ve, al lado derecho, a
Titivillus cargando, precisamente, un fajo de libros. La imagen es del pintor
Diego De La Cruz.
La primera
mención que se conoce de Titivillus está en el trabajo de Juan de Gales (John
Galensis), en su Tractatus de Penitentia de 1285. Posteriormente, también se
describió a Titivillus como el demonio encargado de provocar la charla ociosa,
la mala pronunciación y la murmuración y omisión de palabras durante la oración
o cualquier oficio religioso.
En algunas
representaciones, se le ve cargando un fajo de libros (o un saco) donde
llevaría estas palabras, que se le imputarían luego a las almas en el juicio
individual, para halarlas al infierno. En algunas obras literarias,
especialmente inglesas, en las que Titivillus aparece, el propio demonio omite
palabras, sílabas e incluso frases enteras.
En el
monasterio de las Huelgas, en Burgos, la imagen de la Virgen de la Misericordia
protege bajo su manto a un grupo de monjas cistercienses (y a sus benefactores).
Fuera del manto se ve, al lado derecho, a Titivillus cargando, precisamente, un
fajo de libros.
Fuente:
Aleteia
