¿Cómo
debe actuar una familia que defiende las creencias católicas, pero uno de sus
integrantes tiene preferencias sexuales distintas?
VER
En nuestra catedral, en el confesionario
donde los obispos acostumbramos cada ocho días dar este servicio, en días
pasados alguien dejó como unas estampitas, muy bien hechas por cierto, con la
foto del Papa Francisco, y con dos de sus frases: “Si una persona es gay, busca al Señor y tiene
buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? (29-VII-2013). “Sorprende la
postura de Jesús: No oímos palabras de desprecio, ni oímos palabras de condena;
sólo palabras de amor, de misericordia. Un poco de misericordia hace que el
mundo sea menos frío y más justo” (18-III-2013). Es
muy cierto esto, pero no sé si quienes reparten esto lo hacen para ayudar a la
conversión de dichas personas, como una invitación a la tolerancia y al
respeto, o para indicar que todo se vale y que cada quien sea como sea.
En contraposición, este lunes, en un
programa semanal de radio que tengo desde hace tres años, llamado Pregúntale al Obispo, alguien
me mandó este mensaje: “Soy gay; busqué ayuda con un psicólogo para
cambiar y lo que me dijo es que me acepte como soy. Le he pedido a Dios, pero
tampoco he tenido respuesta. ¿Qué debo hacer?”
En ese mismo programa, recibí estas
preguntas: “¿Cómo
debe actuar una familia que defiende las creencias católicas, pero uno de sus
integrantes tiene preferencias sexuales distintas? ¿A quién debe apoyar: a la
Iglesia, o al integrante de la familia?” Y
esta otra: “¿Puede un
sacerdote casar a dos hombres gay?
PENSAR
Gran revuelo han causado de nuevo unas
palabras que el Papa Francisco dijo a los periodistas, en su vuelo de regreso
de Azerbaiyán, el domingo pasado, sobre la atención a los homosexuales. Algunos
medios no dan la versión completa, sino sólo algunas palabras. En primer lugar,
repitió lo que es doctrina común de la Iglesia: “Cuando se
habla del matrimonio como unión del hombre y de la mujer, como lo ha hecho
Dios, a imagen de Dios, es hombre y mujer. Esta es la verdad. El matrimonio es
imagen de Dios, hombre y mujer en una sola carne. Cuando se destruye esto, se
ensucia o se desfigura la imagen de Dios. El principio es ese, pero las
debilidades humanas existen, los pecados existen, y siempre la última palabra
no la tiene la debilidad, la última palabra no la tiene el pecado; ¡la última
palabra la tiene la misericordia”. Es decir, el matrimonio verdadero,
a imagen de Dios, es sólo entre un hombre y una mujer que se aman.
Pero, como advierte, las
debilidades humanas existen, los pecados existen… Y en
concreto dice: “Yo he acompañado en mi vida de sacerdote, de
obispo, incluso como Papa, he acompañado personas con tendencia y con prácticas
homosexuales. Las he acompañado y las he acercado al Señor. Algunos no pueden,
pero les he acompañado y nunca he abandonado a ninguno. Esto se ha hecho. Las
personas se deben acompañar como las acompaña Jesús. Cuando una persona que
tiene esta condición llega ante Jesús, Jesús seguramente no le dirá: ¡Vete,
porque eres homosexual! No. El pecado es el pecado. Las tendencias o los desequilibrios
hormonales dan muchos problemas y debemos estar muy atentos a no decir: Todo es
lo mismo; hagamos fiesta… No; esto no. Cada caso hay que acompañarlo,
estudiarlo, discernir e integrarlo. Esto es lo que haría Jesús hoy. Por favor,
no digan: ¡El Papa santificará a los trans! Por favor, ¿eh? Porque ya estoy
viendo las primeras páginas de los diarios. No, no. Quiero ser claro. Es un
problema moral. Es un problema. Es un problema humano. Y se debe resolver como
se puede, siempre con la misericordia de Dios, con la verdad, como hemos
hablado en el caso del matrimonio, pero siempre con el corazón abierto”.
En otra circunstancia, dijo: “Dios no ha
mandado a su Hijo al mundo para castigar a los pecadores, ni para acabar con
los malvados. Sino que es a ellos a quienes se dirige la invitación a la
conversión para que, viendo los signos de la bondad divina, puedan volver a
encontrar el camino de regreso” (7-IX-2016). “Todos somos llamados, buenos y malos. La
Iglesia no es solamente para los buenos o los que parecen buenos o se creen
buenos. La Iglesia es para todos, y además preferentemente para los malos,
porque la Iglesia es misericordia” (28-IX-2016).
ACTUAR
Las cosas claras. Lo que es un desorden,
un pecado, un problema, lo es y no se puede calificar como bueno y como virtud.
Pero esto no implica despreciar o descalificar a quien tiene un problema humano
y moral. Hay que escucharle, comprenderle, acompañarle, respetarle y acercarle
a Jesús, en quien se encuentra la liberación y la madurez plena.
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
Fuente:
Zenit
