En los zapatos de un dragón
Hola, buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
Últimamente son muchos los niños que se acercan con
sus familias al monasterio. Muchos de ellos son pequeños "reteros"
que, de camino al cole, desayunando... piden a sus padres que les lean el reto.
Pero en ocasiones no comprenden los mensajes. El Señor nos ha puesto en el
corazón llegar a ellos, hablarles de Él. Y la Providencia es tan real como que,
de la noche a la mañana, nos vimos con todo el material que necesitábamos para
ponernos manos a la obra.
No os desvelo aún de qué se trata, aunque poco a poco
lo iréis adivinando. Eso sí, es material... ¡que no sabíamos por dónde coger!
Pero, como el Señor, cuando hace algo, lo hace bien, también nos puso a alguien
que nos formase: es un sacerdote especialista que ayer nos dio la primera clase
y... ¡no tiene desperdicio!
Nos sentamos, nos presentamos normal y de repente...
-Ahora volveros a presentar, pero esta vez con una voz
diferente: ¡con la voz de un dragón! -nos dijo convencido.
Se nos cambió la cara, se nos subieron los colores...
¡¿cómo es la voz de dragón?! Hicimos nuestros pinitos para presentarnos como
dragones, nos corregía cuando se nos olvidaba que el dragón tiene que hacer
como si echa fuego, hablar despacio...
Ayer por la tarde fuimos ratones, reyes, sabios...
Para ello, nos repetía que teníamos que meternos en el papel y olvidarnos de
nuestra voz, configurarnos con el personaje: la calma del rey, la soberbia del
sabihondo, la astucia de los ratones, las reacciones de los niños...
Cuántas veces vemos "personajes" en las
personas que nos rodean: el dragón en el jefe o en ese compañero que te hace la
vida imposible, la "bruja" en la persona que tiene contestaciones que
te hieren, la princesa en la que parece que todo le sale bien, el rey en el que
está rodeado de alabanzas...
Cristo se hizo uno de nosotros, decidió hacer el papel
de hombre con todo lo que conlleva. Lloró como tú y como yo, sonrió, abrazó,
amó... Él te entiende, te comprende, y en la oración te regala Su mirada para
que tú puedas mirar desde Él al mundo. También a esas personas que más te
cuesta amar, a los pequeños "dragones" de cada día.
Hoy el reto del Amor es que pidas al Señor ponerte en
los zapatos de ese "dragón" que te está haciendo sufrir. Que te
muestre un punto de retorno para el amor. No dejes de amar.
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
