El Santo Padre, en la eucaristía celebrada en Kabú, explica que la fe, que
es un don de Dios y hay que pedirla siempre
El papa Francisco ha
asegurado que la fe no es un superpoder que sirve para resolver los problemas
de la vida. Además, fe y servicio no se pueden separar.
Así lo ha indicado en la
homilía de la misa celebrada en su primer encuentro en Kabú. “Sois un pequeño rebaño pero de gran valor a los
ojos de Dios”, ha asegurado a los presentes.
El Santo Padre ha
aterrizado esta mañana en la capital de Azerbaiyán, tras dos días en Georgia,
para concluir esta tarde su viaje al Cáucaso. La misa ha sido celebrada en el
Centro Salesiano de la ciudad, en este país en el que los católicos son el
0’01%, es decir, 570. En
la homilía, el Pontífice ha explicado que las lecturas del día presentan dos
aspectos esenciales de la vida cristiana: la fe y el servicio.
Dios –ha indicado
Francisco– no favorece nuestros deseos de cambiar el mundo y a los demás de
manera inmediata y continuamente, sino que busca ante todo curar el corazón.
“Dios cambia el mundo cambiando nuestros corazones, y esto no puede hacerlo sin
nosotros”, ha añadido. Cuando Dios encuentra un corazón abierto y confiado –ha
asegurado– allí puede hacer sus maravillas.
Pero, el Papa ha indicado
que “tener fe, una fe viva, no es fácil”. Por eso, “auméntanos la fe” es una
hermosa súplica, “una oración que también nosotros podríamos dirigir a Dios
cada día”.
Asimismo, el Papa ha
explicado que la fe, que es un don de Dios y hay que pedirla siempre, “también
requiere que nosotros la cultivemos”. En esta línea, el Santo Padre ha
recordado que la fe “no es una fuerza mágica que baja del cielo”, “no es una
‘dote’ que se recibe de una vez para siempre”, ni “un superpoder que sirve para
resolver los problemas de la vida”. Porque –ha asegurado– una fe concebida para
satisfacer nuestras necesidades sería una fe egoísta, totalmente centrada en
nosotros mismos. La fe, ha subrayado Francisco, es un hilo de oro que nos une
al Señor. “Es un don que vale la
vida entera, pero que fructifica si nosotros ponemos nuestra parte”.
Nuestra parte, ha
explicado, es el servicio. “Fe y servicio no se pueden separar, es más, están
estrechamente unidas, enlazadas entre ellas”, ha precisado el Papa.
Para explicarlo el Santo
Padre ha utilizado una imagen muy familiar para este pueblo “las alfombras”.
Vuestras alfombras –ha indicado– son verdaderas obras de arte y provienen de
una antiquísima tradición. Por eso ha explicado que también “la vida
cristiana de cada uno viene de lejos, y es un don que hemos recibido en la
Iglesia y que proviene del corazón de Dios, nuestro Padre, que desea hacer de
cada uno de nosotros una obra maestra de la creación y de la historia”. Cada
alfombra, “se va tejiendo según la trama y la urdimbre”; sólo gracias a esta
estructura el conjunto resulta bien compuesto y armonioso. Por eso, el Santo
Padre ha asegurado que así sucede en la vida cristiana: “hay que tejerla cada
día pacientemente, entrelazando una trama y una urdimbre bien definidas: la
trama de la fe y la urdimbre del servicio”.
El Papa ha explicado que el
servicio no es solo “ser fieles a nuestros deberes o en hacer alguna obra
buena”. Jesús nos pide “una disponibilidad total, una vida completamente
entregada, sin cálculos y sin ganancias”.
Asimismo, ha querido
recordar que “no estamos llamados a servir sólo para tener una recompensa,
sino para imitar a Dios, que se hizo siervo por amor nuestro”. Y –ha añadido–
no estamos llamados a servir de vez en cuando, sino a vivir sirviendo.
Al respecto ha advertido
sobre dos tentaciones. La primera es dejar que el corazón se vuelva tibio. “El
que es tibio vive para satisfacer sus comodidades, que nunca son suficientes, y
de ese modo nunca está contento; poco a poco termina por conformarse con una
vida mediocre”, ha observado. La segunda tentación es ser “demasiado activos”,
pensar como dueños,
de trabajar sólo para ganar prestigio y llegar a ser alguien. Entonces, ha
advertido, “el servicio se convierte en un medio y no en un fin, porque el fin
es ahora el prestigio, después vendrá el poder, el querer ser grandes”.
Para finalizar, el
Pontífice ha asegurado a los presentes que “cada uno de vosotros es como un
espléndido hilo de seda”, pero “sólo si los distintos hilos están bien
entrelazados crean una bella composición; solos, no sirven”. Por eso les ha
pedido que permanezcan siempre unidos, “viviendo humildemente en caridad y
alegría”.
ROCÍO LANCHO GARCÍA
Fuente:
Zenit
