Francisco en el ángelus: La corrupción es como la droga, sigamos el camino
de Jesús
El papa Francisco rezó este
domingo la oración del ángelus ante la plaza de San Pedro, donde estaban
reunidos miles de peregrinos. En sus palabras el Santo Padre invitó a seguir el
espíritu del Evangelio, serio pero gozoso, lleno de alegría, apoyado en la
honestidad, en la rectitud, en el respeto a los demás y a su dignidad. Sabiendo
que nadie puede servir a dos señores, a Dios y al dinero.
Y que la corrupción produce dependencia. A continuación el texto
completo
“Queridos hermanos y
hermanas, ¡buenos días!
Hoy Jesús nos invita a
reflexionar sobre dos estilos de vida contrapuestos: uno el mundano y otro el
del Evangelio. El espíritu del mundo no es el espíritu de Jesús. Y lo hace
mediante la narración de la parábola del administrador infiel y corrupto, que es
alabado por Jesús no obstante su deshonestidad. Es necesario precisar en
seguida, que este administrador no es presentado como un modelo que debemos
seguir, sino como un ejemplo de astucia.
Este hombre es acusado de
una mala gestión de los negocios de su patrón y, antes de ser echado, busca
astutamente obtener la benevolencia de los deudores, condonando a ellos una
parte de sus deudas para asegurarse así un futuro.
Comentando este
comportamiento, Jesús observa: “Los hijos de este mundo son más astutos en su
trato con lo demás que los hijos de la luz”.
A tal astucia mundana
nosotros estamos llamados a responder con la astucia cristiana, que es un don
del Espíritu Santo. Se trata de alejarse del espíritu y de los valores del
mundo, que tanto le gustan al demonio, para vivir según el Evangelio.
¿Y la mundanidad cómo se
manifiesta? La mundanidad se manifiesta con actitudes de corrupción, de engaño,
de prepotencia y constituyen el camino más equivocado, el camino del pecado,
porque uno lleva al otro, ¿verdad? Es como una cadena, si bien es verdad
que generalmente ese es el camino más cómodo de recorrer.
En cambio, el espíritu del
Evangelio requiere un estilo de vida serio –serio pero gozoso, lleno de alegría
y comprometido, impostado en la honestidad, en la rectitud, en el respeto a los
demás y a su dignidad, con el sentido del deber. ¡Y esta es la astucia
cristiana!
El recorrido de la vida
necesariamente implica elegir entre estos dos caminos: entre honestidad y
deshonestidad, entre la fidelidad y la infidelidad, entre egoísmo y altruismo,
entre el bien y el mal. No se puede oscilar entre uno y otro, porque se mueven
sobre lógicas diversas y contrapuestas.
El profeta Elías decía al
pueblo de Israel que caminaba sobre estas vías: “Ustedes cojean con los dos
pies”. Es una bella imagen. Es importante decidir qué dirección tomar y
después, una vez decidida aquella justa, caminar con arrojo y determinación,
encomendándose a la gracia del Señor y a la ayuda de su Espíritu.
Fuerte y categórico es la
conclusión del pasaje evangélico: “Ningún servidor puede servir a dos señores,
porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y
menospreciará al segundo”.
Con esta enseñanza, Jesús
hoy nos exhorta a hacer una elección clara entre Él y el espíritu del mundo,
entre la lógica de la corrupción, de la prepotencia y de la avidez y aquella de
la rectitud, de la mansedumbre y del compartir.
Alguno se comporta con la
corrupción como con las drogas: piensa de poderlas usar y dejarlas cuando
quiere. Se comienza con poco: un manojo de aquí y una coima de allá… Y entre
esta y aquella lentamente se pierde la libertad.
También la corrupción
produce dependencia, y genera pobreza, explotación, sufrimiento. ¡Y cuántas
víctimas existen hoy en el mundo! Cuántas víctimas de esta difundida
corrupción.
En cambio, cuando buscamos
seguir la lógica evangélica de la integridad, de la transparencia en las
intenciones y en los comportamientos, de la fraternidad, nosotros nos
convertimos en artesanos de justicia y abrimos horizontes de esperanza para la
humanidad. En la gratuidad y en la donación de nosotros mismos a nuestros
hermanos, servimos al amo justo: Dios.
La Virgen María nos ayude a
escoger en cada ocasión y a todo costo el camino justo, encontrando también el
coraje de caminar contra corriente, para poder seguir a Jesús y a su
Evangelio”.
Después de rezar la oración
mariana dirigió las siguientes palabras
“Queridos hermanos y
hermanas
Ayer
en la ciudad de Codrongianos (en Sassari) fue proclamada beata Elisabetta
Sanna, madre de familia. Cuando se quedó viuda se dedicó totalmente a la
oración y al servicio de los enfermos y de los pobres. Su testimonio es modelo
de caridad evangélica animada por la fe.
Hoy en Génova se clausura
el Congreso Eucarístico Nacional. Envío un saludo especial a todos los fieles
que se encuentran allí reunidos y deseo que este evento de gracia reavive en el
pueblo italiano la fe en el santísimo sacramento de la eucaristía, en el cual
adoramos a Cristo, manantial de vida y de esperanza para cada hombre.
El próximo martes iré a
Asís para el encuentro de oración por la paz, treinta años después de aquel
histórico que convocó san Juan Pablo II. Invito a las parroquias, asociaciones
eclesiásticas, individualmente a los fieles de todo el mundo para que vivan ese
día como una Jornada de oración por la paz.
Hoy más que nunca tenemos
necesidad de paz en esta guerra que existe en todas las partes del mundo.
Recemos por la paz siguiendo el ejemplo de san Francisco, hombre de fraternidad
y de mansedumbre. Estamos todos llamados a ofrecer al mundo un fuerte
testimonio de nuestro empeño común por la paz y la reconciliación entre los
pueblos. Así el martes, todos, unidos en oración.
Recemos por la paz: cada
uno se tome un poco de tiempo, el que pueda para rezar por la paz. Todo el
mundo unido.
Saludo
con cariño a todos los romanos y peregrinos provenientes de diversos países. En
particular saludo a los fieles de la diócesis de Colonia y a los de
Marianopoli.
Y a todos les deseo que
tengan un bueno domingo y por favor no se olviden de rezar por mi”.
El Papa concluyó con su ya
famoso “buon
pranzo e arrivederci”.
Fuente:
Zenit
