Blancas
Hola, buenos días, hoy Verónica nos lleva al Señor.
Que pases un feliz día.
Estamos arreglando el callejón. Ayer estuvimos dando
el último repaso de pintura. Lo mejor fue cómo acabamos... en comparación a
cómo empezamos.
Cuando nos pusimos a pintar estábamos preparadísimas:
que si guantes, que si máscara por si olía fuerte, que si gafas por si cae en
los ojos, manteniendo la distancia intentando no mancharnos mucho... Pero
fuimos cogiendo confianza, quitándonos las gafas, la máscara, los guantes y, al
final, acabamos todas perdidas de blanco.
Cuántas veces nos pasa esto, que hacemos las cosas sin
intención de mancharnos, con máscaras y guantes. Tu hijo te habrá pedido que le
ayudes con los deberes y le has dado un diccionario o un ordenador para que lo
busque, o alguien te ha llamado en un momento malo y has contestado con
monosílabos para que cortase cuanto antes, o cuando ha habido que cuidar a una
persona enferma y lo haces porque toca. Hacer las cosas como si no fuesen con
nosotros no te llena, ni tampoco estar todo el tiempo dedicado a uno mismo, eso
te va vaciando por dentro.
Cristo con nosotros no hace las cosas a medias. No nos
salvó desde una nube del cielo; bajó y se hizo uno de nosotros, se hizo carne
de nuestra carne, se hizo débil. Entró en nuestras fragilidades para salvarlas.
Él se manchó las manos de sangre para que seamos felices hoy, ahora. Si tú hoy
sientes ese vacío y no eres feliz, pídeselo a Él. Él lo hizo por amor y lo
vuelve a hacer en cada Eucaristía.
Hoy el reto es que te manches, que te entregues
totalmente a lo que hagas en cada momento del día; trabajando, estudiando, que
te sientes a ayudar a tu hijo, que escuches a la persona que te necesita, pero
todo desde el amor. Acabarás manchado, sí, pero feliz por haber amado.
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
