El obispo pide a la patrona que medie para
frenar la despoblación y la pérdida de sacerdotes
La despoblación, el
éxodo de los jóvenes y la falta de sacerdotes en la provincia fueron temas muy
presentes en el discurso del obispo de Segovia, César Franco, con motivo del
regreso a su santuario de la Virgen de la Fuencisla. Ante cientos de personas congregadas
en la plaza del Azoguejo desde horas antes de la llegada de la patrona de la
ciudad, el prelado de la diócesis de Segovia dio las gracias a la Virgen de la
Fuencisla por su «presencia de madre», afirmando que junto a ella ningún
segoviano se siente huérfano ni perdido en la vida.
Durante
su discurso, César Franco le pidió a la patrona que cultive la vida «de las
familias, pueblos y comunidades; de los niños, adolescentes y jóvenes que
desean un mundo justo, fraterno y cargado de esperanza; de los ancianos que
miran el ocaso con desasosiego y buscan certezas del más allá; y de los que
luchan por encontrar un techo, un trabajo digno y un futuro de bienestar para
los suyos».
Además,
recordó la coronación de la Virgen como patrona de la ciudad, hace cien años:
«Hoy somos nosotros tu corona. Queremos coronarte con nuestros mejores deseos
de vivir la fe y de conservarla ardiente en nuestros hogares».
Pero también hubo lugar para las suplicas por varios de los problemas que afectan a la provincia. La despoblación de Segovia y la marcha de los jóvenes a otras ciudades en busca de mejores oportunidades fueron motivo de súplica por parte del obispo, quien también incidió en la muerte de los sacerdotes –el último esta misma semana– sin relevo.
«Que Segovia no pierda la esperanza de que nunca le faltarán los ministros de Cristo que cuiden del pueblo que te ama», subrayó César Franco, a escasos días de la apertura del seminario menor. Finalizó su discurso con el tradicional «¡Viva la Virgen de la Fuencisla!», no sin antes recordar que Segovia no le dice adiós a su patrona, pues «lleva en su corona engarzado a fuego de amor la vida y el corazón de los segovianos».
Tras nueve días en la Catedral de Segovia, la Virgen de la Fuencisla regresó ayer a su residencia habitual, el santuario que lleva su nombre. A las cinco de la tarde comenzó el rosario en la Catedral, de la que salió tres cuartos de hora más tarde con destino a la plaza del Azoguejo. Con el himno de España de fondo, la patrona apareció escoltada por una unidad de alumnos de la Academia de Artillería ante la mirada de centenares de fieles y de curiosos que comenzaron a aplaudir cuando adivinaron su figura.
Pero también hubo lugar para las suplicas por varios de los problemas que afectan a la provincia. La despoblación de Segovia y la marcha de los jóvenes a otras ciudades en busca de mejores oportunidades fueron motivo de súplica por parte del obispo, quien también incidió en la muerte de los sacerdotes –el último esta misma semana– sin relevo.
«Que Segovia no pierda la esperanza de que nunca le faltarán los ministros de Cristo que cuiden del pueblo que te ama», subrayó César Franco, a escasos días de la apertura del seminario menor. Finalizó su discurso con el tradicional «¡Viva la Virgen de la Fuencisla!», no sin antes recordar que Segovia no le dice adiós a su patrona, pues «lleva en su corona engarzado a fuego de amor la vida y el corazón de los segovianos».
Tras nueve días en la Catedral de Segovia, la Virgen de la Fuencisla regresó ayer a su residencia habitual, el santuario que lleva su nombre. A las cinco de la tarde comenzó el rosario en la Catedral, de la que salió tres cuartos de hora más tarde con destino a la plaza del Azoguejo. Con el himno de España de fondo, la patrona apareció escoltada por una unidad de alumnos de la Academia de Artillería ante la mirada de centenares de fieles y de curiosos que comenzaron a aplaudir cuando adivinaron su figura.
QUIQUE YUSTE
Fuente:
El Norte de Castilla
